Los asesinos, la marcha y el desfile
Hay victorias que llegan tarde y victorias que llegan a tiempo. La detención de Jorge Armando “N”, alias El Licenciado, autor intelectual del asesinato de Carlos Manzo, pertenece a la segunda categoría. Omar García Harfuch anunció hoy la captura del presunto líder ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Hay victorias que llegan tarde y victorias que llegan a tiempo. La detención de Jorge Armando “N”, alias El Licenciado, autor intelectual del asesinato de Carlos Manzo, pertenece a la segunda categoría. Omar García Harfuch anunció hoy la captura del presunto líder de la célula delictiva vinculada al CJNG que planeó el homicidio del alcalde de Uruapan, ocurrido apenas 18 días atrás. No es poca cosa. En un país donde la impunidad suele ser la regla y la justicia la excepción, esta investigación merece reconocimiento.
El asesinato fue minuciosamente planeado a través de un grupo de WhatsApp donde El Licenciado emitió las instrucciones para localizar y ejecutar al alcalde, ordenando que dispararan “aunque estuviera acompañado, sin importar quién fuera”. La estructura criminal fue reconstruida con precisión: análisis de dispositivos telefónicos, revisión de cámaras de videovigilancia, trabajo de inteligencia coordinado entre autoridades federales y estatales. La captura se logró en Morelia. Quedan más detenciones pendientes. García Harfuch fue claro: “no habrá impunidad”.
El timing importa. Esta presentación llega en un momento políticamente delicado, cuando el gobierno de Claudia Sheinbaum navega aguas turbulentas. El sábado pasado, la marcha de la Generación Z (independentemente de todos los opositores que intentaron freeridear esta protesta) en CDMX terminó en violencia: 20 detenidos, más de 100 policías heridos, vallas derribadas en Palacio Nacional. Las consignas más recurrentes fueron “¡Viva Carlos Manzo!”, “¡Fuera Claudia!” y “¡Fuera Morena!”. El nombre del alcalde asesinado se convirtió en bandera.
Y hoy, 20 de noviembre, confluyen dos eventos que podrían chocar: el desfile militar por el 115 aniversario de la Revolución Mexicana, convocado a las 10:00 horas, y una segunda marcha de la Generación Z, citada prácticamente a la misma hora. Las autoridades modificaron la ruta del desfile (más corta, del Zócalo al Monumento a la Revolución) justo para evitar confrontaciones.
La presión internacional tampoco es menor. Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca, condenó “toda violencia política” tras el asesinato de Manzo y señaló que Donald Trump “respeta mucho” a Sheinbaum pero está “presionando a México para que haga más por combatir el tráfico de drogas y a los cárteles”. Incluso se menciona que Barron Trump colocó un mensaje en X sobre el tema. El caso Manzo resonó más allá de nuestras fronteras.
En este contexto, la captura de El Licenciado es un golpe necesario. No resuelve todo —Michoacán sigue siendo un polvorín, el CJNG opera en 110 de los 113 municipios del estado—, pero envía un mensaje: hay consecuencias. Manzo había mantenido una postura de “mano dura” contra el crimen organizado, había solicitado más apoyo federal, tenía ocho escoltas y refuerzo de la Guardia Nacional. No le bastó. Pero al menos su asesinato no quedará impune.
García Harfuch merece todo crédito por la celeridad y coordinación. Sheinbaum merece reconocimiento por sostener el operativo y presentar resultados. En un país donde los asesinatos de alcaldes suelen archivarse, investigar, capturar y presentar evidencia en menos de tres semanas es un logro que debe reconocerse. La justicia que tarda no es justicia. La que se mueve rápido, aunque sea imperfecta, al menos muestra que el Estado no se rindió.
Ahora viene lo difícil: que hoy no se repita lo del sábado. Que las familias puedan ver el desfile sin que explote la violencia. Que los jóvenes que marchan puedan hacerlo sin que alguien convierta la protesta legítima en campo de batalla. Que la policía contenga sin reprimir.
Es mucho pedir, lo sé. El sábado dejó 120 heridos y una ciudad dividida entre quienes aplauden la protesta y quienes condenan la violencia. Pero algo debe quedar claro: ni la justicia lenta ni la protesta violenta le sirven al país. La primera alimenta la impunidad. La segunda legitima la represión.
Carlos Manzo fue asesinado porque se atrevió a enfrentar al crimen organizado. Su muerte no puede ser en vano. La captura de su asesino intelectual es un primer paso. Que no sea el último. Y que hoy prevalezca algo que últimamente parece imposible: la sensatez.