La paz a espaldas de Ucrania
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha declarado que su país no aceptará el resultado de ninguna negociación llevada a cabo sin la participación de Kiev.
En un giro inesperado, Estados Unidos y Rusia han iniciado negociaciones directas para poner fin a la guerra en Ucrania. Lo más sorprendente: lo han hecho sin la presencia de representantes ucranianos en la mesa.
El secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, se reunió con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, en Riad, Arabia Saudita. Tras cuatro horas de conversaciones, anunciaron la formación de equipos de alto nivel para negociar el fin del conflicto “lo antes posible”. Un cambio radical en la política exterior de Washington que ha dejado atónitos a sus aliados europeos.
¿Qué hay detrás de este no tan inesperado cambio de rumbo? Todo apunta a la mano de Donald Trump, quien parece decidido a “resolver” el conflicto a toda costa, incluso si eso significa hacer concesiones significativas a Rusia.
Los contornos del plan de paz de Trump, aunque no se han hecho públicos oficialmente, parecen incluir dos concesiones mayúsculas para Ucrania: la pérdida de parte del territorio ocupado por Rusia desde 2014 y una moratoria de al menos 20 años para unirse a la OTAN. A cambio, Rusia tendría que aceptar el fuerte armamento de Ucrania y el establecimiento de una zona desmilitarizada entre las fuerzas ucranianas y rusas, ocupada por tropas europeas.
Este enfoque ha generado alarma en toda Europa. Los líderes del viejo continente reaccionaron con furia ante la propuesta estadunidense de que Europa debería proporcionar garantías de seguridad a Ucrania sin la participación de Estados Unidos. Tal arreglo crearía una peligrosa división dentro de la OTAN y va en contra del espíritu de la alianza.
Mientras tanto, la inteligencia occidental sugiere que Putin podría estar simplemente ganando tiempo. Según fuentes de inteligencia, el líder ruso aún aspira a controlar toda Ucrania y no ha dado indicios de estar dispuesto a retirar tropas o activos militares del país invadido.
En medio de todo esto, la voz que más importa parece haber sido silenciada. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha declarado que su país no aceptará el resultado de ninguna negociación llevada a cabo sin la participación de Kiev. Y no es para menos: lo que está en juego es nada menos que la integridad territorial y el futuro de Ucrania.
La paz es, sin duda, un objetivo loable. Pero una paz duradera no puede construirse sobre los cimientos de la injusticia, la exclusión y el engaño. Negociar el destino de Ucrania sin Ucrania no sólo es moralmente cuestionable, sino que además sienta un peligroso precedente en las relaciones internacionales. ¿Se puede lograr una paz verdadera y duradera cuando se negocia a espaldas de quienes más tienen que perder?
