La CNTE; toparse con Sheinbaum
Cada sexenio parece repetirse el mismo libreto: la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación CNTE vuelve a protagonizar episodios de presión, bloqueos y toma de espacios públicos, amparados en el argumento de que el gobierno no escucha sus demandas. Sin ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Cada sexenio parece repetirse el mismo libreto: la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) vuelve a protagonizar episodios de presión, bloqueos y toma de espacios públicos, amparados en el argumento de que el gobierno no escucha sus demandas. Sin embargo, en esta ocasión, la CNTE ha llevado sus métodos a un nivel inaceptablemente alto, afectando no sólo a las autoridades, sino a miles de ciudadanos que nada tienen que ver con el conflicto.
Un análisis imparcial de los hechos recientes revela que las acciones de la CNTE estaban planeadas de antemano. Todo indica que la toma del aeropuerto internacional era parte de su estrategia, independientemente de si la presidenta Claudia Sheinbaum accedía o no a recibirlos. Incluso, de haberse concretado la reunión, existe el riesgo de que la dirigencia de la CNTE hubiera aprovechado el encuentro para ejecutar la toma justo durante la reunión, convirtiendo a la mandataria en una rehén política en plena mesa de diálogo. Por ello, resulta insostenible el argumento de que acudieron al aeropuerto porque no fueron recibidos: la movilización y el desorden estaban en su agenda desde el inicio.
El objetivo de estos métodos parece claro: generar confrontación y tensión, forzar la atención mediática y presionar al gobierno para obtener concesiones bajo la amenaza de la violencia o la paralización de la vida pública. Sin embargo, la presidenta Sheinbaum ha demostrado una sagacidad inusual al no caer en la provocación. Su respuesta ha sido firme y mesurada: no ceder a la presión de los bloqueos, pero tampoco escalar el conflicto con acciones represivas. Al contrario, ha insistido en el diálogo, pero en condiciones que no comprometan la seguridad ni la gobernabilidad del país.
Por supuesto, la ciudadanía –y la prensa– han sufrido las consecuencias de estos desmanes. Los reporteros atacados con violencia, Los ciudadanos atorados en las calles y miles de viajeros afectados por la toma del aeropuerto, con vuelos cancelados, retrasos y una sensación generalizada de inseguridad. Por ello, es justo y necesario que ofrezcan una disculpa a la ciudadanía por las molestias y las afectaciones causadas. No se puede tolerar que la lucha por derechos legítimos se convierta en un pretexto para vulnerar los derechos de quienes no forman parte del conflicto.
El desafío para el gobierno es claro: mantener la puerta abierta al diálogo, pero sin permitir que la violencia o la presión extorsiva se conviertan en la norma. La presidenta Sheinbaum ha dado el primer paso al no ceder ante la provocación y al priorizar la seguridad y el bienestar de la ciudadanía. Ahora, corresponde a la CNTE demostrar que su lucha es legítima y que está dispuesta a negociar sin recurrir a la coacción. Sólo así se podrá avanzar hacia una solución justa y duradera.