Filosofía para la pandemia

La necesidad por incorporarnos a la “nueva normalidad” parece ganarnos. Tanto, que recibimos mensajes encontrados:“No es echar al vuelo las campanas, no es cantar victoria, pero considero que ya pasó lo más difícil, lo más riesgoso...”, afirmó Andrés Manuel ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

La necesidad por incorporarnos a la “nueva normalidad" parece ganarnos. Tanto, que recibimos mensajes encontrados:

“No es echar al vuelo las campanas, no es cantar victoria, pero considero que ya pasó lo más difícil, lo más riesgoso...”, afirmó Andrés Manuel López Obrador hace un par de días. Momentos después, desde Palacio Nacional nos confirmaron el registro de más de 4 mil nuevos casos entre sábado y domingo. Ayer lunes, en el primer día de la transición a semáforo naranja en la CDMX, llegamos a los 150 mil 264 contagios y 17 mil 580 muertos. La curva aún sin punto máximo, pero ya estamos dando pasos que nos acercan cada vez más a la vida que conocimos antes de la pandemia. Pasos urgentes, sí, pero que se dan en medio de mucha incertidumbre. China impuso confinamiento en Pekín, luego de reportarse un brote de, al menos, 100 contagios. Y si eso ocurre en un país que frente a él tuvo, antes que cualquier otro, los escenarios sobre el comportamiento de la pandemia, ¿qué podemos esperar donde aún no vemos contundencia en el declive de contagios?

Cada entidad del país avanza a su propio ritmo, aunque, en algunas regiones, los ciudadanos están temerosos por los contagios; pero, al mismo tiempo, otros más salen a las calles, realizan reuniones, etcétera. El regreso a la rutina es inminente, pero no tendría que estar rodeada de tanta incertidumbre. No se retoma el cotidiano porque sea prudente, sino porque, ante la falta de programas que contengan los efectos económicos por la cuarentena, es urgente que las industrias se reactiven.

“Vamos a sentirnos seguros, no tener miedo, no actuar con temores, porque ya sabemos que debemos mantener la sana distancia, la higiene personal, pero ya es un asunto de nosotros. Ahora sí, recobremos nuestra libertad y actuemos con criterio, y vamos a cuidarnos a nosotros mismos, ya que no sean las autoridades sanitarias las que nos den las recomendaciones...”, agregó López Obrador en su mensaje del fin de semana. La audacia para justificar un regreso plagado de temor y que se adereza con ese decálogo que se acerca más a una lista de buenos deseos que a una estrategia contundente para dar certeza ante la vida y los riesgos que nos esperan.

Mantenernos informados, actuar con optimismo, dar la espalda al egoísmo, alejarnos del consumismo, por decir algo. “La mejor medicina es la prevención...”, otro de los puntos, el más cercano a la ciencia, ¿a quién no le han dicho esto al estar en consulta? Pero, ¿defendamos el derecho a gozar del cielo, del sol, del aire puro, de la flora, fauna y toda la naturaleza? ¿Optar por alimentos naturales, frescos y nutritivos? ¿Hacer ejercicio? ¿Buscar un camino de espiritualidad? ¿Una utopía? ¿Un sueño? ¿Un propósito en la vida?

¿En cuáles de estos puntos le están dando confianza a los sectores productivos? ¿En cuál se le da certeza a la población más vulnerable? ¿En dónde nos aseguran que el sistema de salud se fortalece en lugar de colapsar?

Sabemos, reiteradamente nos lo han dicho distintos expertos, que mientras no haya vacuna, el covid-19 será un riesgo en el aire, en las calles. Entendemos la urgencia de reincorporarnos a la cadena productiva, más aún bajo un contexto de no apoyos ni estímulos fiscales. Sin embargo, otra vez topamos con contradicciones, ya no digamos en la estrategia, sino en la convicción. Reparo en el punto seis del decálogo: nuestro derecho a gozar la naturaleza. Pues el derecho de la misma naturaleza implicaría que se parara la construcción de la refinería en Dos Bocas y que se aliente la inversión en energías alternativas, ¿o con él no aplica? También diría que no vale la pena gastar miles de millones de pesos en el Tren Maya que, dicho sea de paso, tiene tantos cuestionamientos en materia ambiental.

A estas alturas, tendrían ya que replantear las vías del regreso, unificar el mensaje, antes que endosar con una lista de reflexión filosófica la responsabilidad frente a una pandemia. Las cifras de la enfermedad no mienten.

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