De abrazos a resultados
En los últimos días, México ha sido testigo de una serie de operativos en la lucha contra el narcotráfico, coincidiendo con el inicio de la nueva supersecretaría de SPC, liderada por Omar García Harfuch. Esta nueva estructura busca coordinar esfuerzos entre la ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
En los últimos días, México ha sido testigo de una serie de operativos en la lucha contra el narcotráfico, coincidiendo con el inicio de la nueva supersecretaría de SPC, liderada por Omar García Harfuch. Esta nueva estructura busca coordinar esfuerzos entre la Defensa, la Guardia Nacional y la Secretaría de Marina, marcando un cambio notable en la estrategia de seguridad del país.
En poco más de una semana, el panorama de combate al crimen organizado en México parece cmbiar. Los operativos realizados, que han resultado en decomisos, incautaciones y detenciones de alto impacto, envían un mensaje claro: el gobierno de Claudia Sheinbaum ha decidido virar hacia una estrategia más decidida y contundente contra el crimen. En estados como Michoacán, Sinaloa, Jalisco, Tamaulipas y Guerrero las fuerzas de seguridad han ejecutado operativos que antes parecían imposibles de implementar. Las cifras son contundentes: miles de dosis de drogas confiscadas, armas aseguradas, activos incautados y líderes de cárteles detenidos en acciones simultáneas y coordinadas que evidencian un nuevo nivel de organización entre las fuerzas federales.
Uno de los operativos más destacados tuvo lugar el 18 de octubre, cuando la Armada de México realizó un decomiso histórico de 8.3 toneladas de droga en aguas del Pacífico sur. Este operativo, considerado el más grande en la historia de la institución, resultó en la detención de 23 personas y el aseguramiento de seis embarcaciones menores y un semisumergible. En total, durante los primeros 18 días de la nueva administración, se aseguraron aproximadamente 11,752 kilogramos de droga y 12,825 litros de combustible.
Lo que está emergiendo es un enfoque mixto que intenta equilibrar la fuerza operativa con las políticas de atención a las causas sociales. A diferencia de estrategias pasadas, parece que el gobierno de la presidenta Sheinbaum busca integrar ambas visiones. La violencia no puede erradicarse sólo con programas sociales, pero tampoco con operativos. Esta nueva estrategia reconoce que el combate al crimen organizado debe incluir tanto la fuerza del Estado, como las herramientas de la justicia social para ser sostenible.
Sin embargo, este cambio no ocurre en un vacío político. En Washington, Donald Trump se prepara para volver a la Casa Blanca, y con él, las presiones hacia México en materia de seguridad y narcotráfico. Su retórica ha sido clara: el problema del fentanilo y el flujo de drogas hacia EU es inaceptable, y las expectativas hacia las autoridades mexicanas no serán menores. México tendrá que demostrar resultados tangibles en la reducción de la producción y el tráfico de drogas para evitar sanciones o medidas unilaterales por parte del gobierno de EU.
Aquí radica uno de los mayores retos para García Harfuch y su supersecretaría. La coordinación entre las diferentes fuerzas de seguridad es sólo una parte del trabajo; la otra será mostrar resultados que sean percibidos no sólo por los mexicanos, sino también por el gobierno de EU. Esto implica mantener el ritmo de los operativos, pero también trabajar en la reconstrucción del tejido social, algo que podría ayudar a contener las críticas que podrían venir tanto desde el norte como desde la oposición interna.
La gran pregunta es si esta estrategia mixta será suficiente. Por un lado, México necesita recuperar el control de territorios que están bajo el dominio de cárteles, y eso requiere fuerza. Por otro, Sheinbaum tienen clarísimo que deben abordar con contundencia las condiciones de pobreza, marginación y falta de oportunidades que nutren las filas del crimen organizado. Ambas tareas son titánicas y requieren tiempo, algo que este gobierno no tiene en abundancia, en especial bajo la sombra de Trump y sus exigencias.
El inicio de esta nueva estrategia ofrece motivos para la esperanza. Los primeros operativos han demostrado que el Estado mexicano aún tiene la capacidad de actuar con firmeza. Sin embargo, también es un recordatorio de que la violencia y el narco son problemas complejos que no admiten soluciones simplistas. México necesita que este equilibrio entre fuerza y justicia social funcione, no sólo para recuperar la paz, sino también para demostrar que puede enfrentar sus retos internos sin sucumbir a las presiones externas. El desafío está apenas comenzando.