Anticuerpos

AElvira Sastre me la puso entre las manos el azar como casi todo lo que vale la pena en esta vida en una librería de Madrid en mis recientes vacaciones decembrinas. Inmediatamente me enganché con su pluma, virtuosa como no había leído hace mucho tiempo y asertiva ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Elvira Sastre me la puso entre las manos el azar (como casi todo lo que vale la pena en esta vida) en una librería de Madrid en mis recientes vacaciones decembrinas. Inmediatamente me enganché con su pluma, virtuosa como no había leído hace mucho tiempo y asertiva como sólo puede serlo quien ha hecho de la autenticidad y el talento su única carta de presentación.

Pues esta semana se publicó en la primera plana de la edición española del diario El País un reportaje-entrevista a esta talentosísima poeta de apenas 25 años que ha logrado tres proezas: una individual (vivir de la poesía —pudo ningún poeta nunca—) y dos colectivas (por un lado interesar a cientos de miles de personas por un género literario que siempre parece cercano a la extinción y, adicionalmente, poner en contacto —desde la conectividad, valga la paradoja— a cientos de miles de millennials con sus propias emociones). Una poeta que está logrando, como rockstar de las redes sociales, que el público agote sus ejemplares impresos en las librerías (en España, pero también en toda América Latina). Y como Elvira me hizo llorar al leerla (y por lo que he podido ver, a sus más de 150 mil seguidores también), se me ocurrió pensar que tenía en las letras la cualidad de devolverle a un agregado social la capacidad de “sentir”, ésa que a veces parece calcificarse bajo los múltiples e interminables estímulos que recibimos los individuos en ésta, la era de la hiperconectividad. Esta joven y poderosa poeta es como una suerte de anticuerpo contra la petrificación de lo más humano que hay en cada uno de nosotros. Y abrí con este tema porque, además de invitar a que corra usted a leerla, me hizo pensar profundamente en nuestro propio sistema inmune. Me explico:

Y es que tal como el cuerpo humano, también las sociedades enferman. En la práctica médica existe la Historia Natural de la Enfermedad, una serie de etapas con las que se diferencia el proceso de un padecimiento. Abarca desde el inicio del mismo, cuando es una condición sin identificar hasta que ésta es, finalmente, resuelta, a veces con salud, aunque también con la muerte. Las sociedades actúan de manera similar. Y en los procesos de detección y diagnóstico de los males, la sique de las comunidades genera sus propios anticuerpos, su medicina natural para defender al cuerpo de la enfermedad, mientras se diseña alguna cura.

Los mexicanos, por ejemplo, utilizamos el humor. Nos reímos de nuestras desgracias. No porque no nos duelan, sino porque es una vía para asimilarlas mejor y así, procesarlas. Por eso somos expertos en memes, tenemos una celebración como el Día de Muertos y por ello, Guillermo del Toro afirmó que le debe todo a los monstruos: por su capacidad para inspirar a partir de situaciones tan oscuras. Nos reímos de todo. También lamentamos ataques como el que sufrió Nana Pelucas, la youtuber guerrerense, a partir justamente, de la sátira a figuras políticas. De igual forma, subrayamos en este mismo espacio el tremendo error de López Obrador al lanzarse contra figuras críticas, altamente reconocidas como Jesús Silva-Herzog Márquez, Denise Dresser, Raymundo Riva Palacio y Enrique Krauze, a quienes ayer les ofreció una disculpa muy a su estilo. Lo cierto es que sin la crítica es imposible contribuir a la salud de un cuerpo tan lastimado como lo es nuestro país. Si el cuestionamiento no puede hacerse de la manera más directa, pero tampoco a través del humor, ¿cómo esperamos salir triunfantes de una convalecencia?

Así sea a través del arte, de la poesía, de la vida intelectual, del periodismo, del activismo y de casi cualquier actividad humana, las sociedades generan siempre a su propio sistema inmunológico (con seres humanos de excepción, conscientes o no de propio papel en el devenir histórico) para defenderla de los trastornos sociales, de las crisis, de los abusos, de los peligros que enfrentamos, así en lo individual como en lo colectivo. Estamos obligados a cuidarlos: ellos son nuestros anticuerpos. 

#MeCuentan. Que a Antonio Solá no le fue nada bien en la Cumbre de Comunicación Política pues, tras jactarse de ser el creador de la idea del “peligro para México” y ahora asegurar que ese mismo peligro, pues peligro ya no es, sólo consiguió un contrato (Yucatán) en las múltiples campañas electorales de nuestro país. Y sus colegas andaban risa y risa...

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