AMLO sí entiende que entiende ¡¿Y ahora?!
¿Qué significa que Andrés Manuel López Obrador entienda el juego político más que sus adversarios? Les comparto una reflexión de por qué pienso esto luego de haber escuchado su discurso inaugural, de lo que esto significa para los próximos años,
y de algunos puntos ciegos que López Obrador no debe ignorar si quiere dar resultados
Me parece que Andrés Manuel López Obrador entiende mucho más de lo que se le está dando crédito. En particular, veo que tiene claras cuatro cosas críticas del juego político.
Primero, AMLO entiende por qué perdió Peña Nieto, y no está dispuesto a cometer ese error.
Peña se fue derrotado, encogido, humillado. Se fue así porque abrió demasiados frentes al mismo tiempo. Sus reformas estructurales, como todo cambio profundo, generaron perdedores poderosos. Por eso, cada una de ellas le fue creando un nuevo grupo de enemigos que se dieron a la tarea de ponerlo de rodillas. No lo hubieran logrado, claro está, si Peña hubiera sido un alma de Dios. Pero no lo es ni lo era. Peña tenía cola que le pisaran, era soberbio y superficial. Cayó de rodillas. Fuerte y muy rápido.
Por eso, AMLO en su discurso enfatiza que no abrirá demasiados frentes. Ve la corrupción como una fuente de enemistades aun más fuertes que las reformas estructurales. Y le huye a luchar por la impunidad que otros crearon. En su cálculo, prefiere perder popularidad pública en el corto plazo y tratar de recuperarla con acciones sociales, a ganarse el odio de tantos perdedores, tan poderosos y tan rápido.
Segundo, López Obrador entiende que la elección lo llamó a tomar el poder para implementar un cambio radicalmente efectivo, que no radical a secas.
Por eso, AMLO en su discurso habla tan fervientemente en contra del neoliberalismo, pero no tiene acciones concretas (al menos no concretas o visibles por ahora) para destruir el mercado. Ni lo busca. Por el contrario, habla de crear condiciones para que los jóvenes puedan entrar al mercado laboral privado (sí, a empresas), propone un sistema de becas para aprendices que servirá para que los privados paguen menos nómina, implementa políticas de austeridad, reduce los impuestos y crea zonas económicas especiales. López Obrador le está apostando al mercado mixto Chino, más no al antimercado soviético.
Tercero, Andrés Manuel López Obrador entiende que su punto débil no vendrá de fuera (al menos no ahora que la oposición está desarticulada), sino del hambre de sus propios aliados.
El otorgamiento de posiciones políticas por tómbola (como literalmente hizo Morena) logró la conformación de un legislativo heterogéneo en lo bueno, pero también en lo malo. No hay ángeles en la política. Hay ahí gente sin experiencia y con las mismas hambres de poder y de recursos de siempre.
Por eso, López Obrador utiliza su discurso inaugural para arremeter contra los propios. Habla de imponer disciplina al interior de su partido, incluso, dice, a su propia esposa si ella llegara a cometer actos ilícitos. Su discurso es más duro contra los suyos que contra los ajenos, porque sabe que los suyos le serán más problemáticos.
Finalmente, AMLO entiende el poder del imaginario y la imagen. Por eso el bastón de mando, el saludo especial a la hija de Trump, el llamarle “hermano” a Evo, pero no a Maduro, el abrir Los Pinos, no como museo (no todavía), sino como una oda al despilfarro y los excesos del poder.
El que López Obrador sí entienda que entiende de política significa que en los próximos seis años lo veremos jugando el difícil juego de saldar expectativas mientras camina en la cuerda floja. Tratando de lanzar granadas sin que le lleguen los escombros, derruyendo tres paredes sin arañar la cuarta. AMLO entiende que se hace campaña prometiendo, pero se gobierna decepcionando.
Veo algunos puntos ciegos: no sé si López Obrador logre dimensionar qué tan fuertes son las clases altas urbanas como actores políticos y qué tan importante es construir instituciones para mantener un cambio constante. Tampoco me queda claro que su equipo tenga el mismo nivel de entendimiento político que tiene él, y por tanto, veo que muchos le pondrán el pie, incluso sin querer.
Para dar resultados, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene que aprender a trabajar de la mano con todos, no sólo con los que le son más cómodos, y aprender a respetar diferencias y negociar.
