La construcción del 2021
Happy birthday, Cerebro El 2021 es a los intereses de quien ocupa la titularidad del Ejecutivo el año más importante del sexenio. El año de la consagración, el año en que culminan todos los planes. El año de la Transformación Nacional. Un año cuyos ...

Víctor Beltri
Nadando entre tiburones
Happy birthday, Cerebro
El 2021 es —a los intereses de quien ocupa la titularidad del Ejecutivo— el año más importante del sexenio. El año de la consagración, el año en que culminan todos los planes. El año de la Transformación Nacional.
Un año cuyos preparativos se vislumbran desde ahora, en los temas que —de manera nada subrepticia— se colocan ya en la agenda pública, y que habrán de culminar en 2021: las elecciones intermedias, la revocación de mandato, la Guardia Nacional y las pretensas disculpas por parte del gobierno español por un pasado resuelto por nosotros mismos a la llegada del Sinaia, el Ipanema o tantos otros barcos cuyo arribo fue celebrado, en su momento, por el propio Lázaro Cárdenas. Una nueva constitución moral, una nueva relación no sólo entre la ciudadanía y las autoridades, sino entre la nación actual y la de hace quinientos años. Una visión que omite de manera deliberada el perdón tácito otorgado por Tata Lázaro al recibir a los refugiados en 1939, y hoy pretende encarnar al mismo y exigir una disculpa que ya no es necesaria. La deuda estaba saldada. ¿Por qué hacerlo ahora? Porque 2021 es el año más importante del sexenio.
El año de la consagración, el año en que culminan todos los planes de quien aspira a ser prócer y, sin más substancia que el reconocimiento histórico, trata de imitar los símbolos atribuibles a los arquetipos que admira. El 2021 es importante —estratégico— por un simbolismo que amalgama los elementos más populares de la historia oficialista postrevolucionaria en una narrativa que es posible advertir, desde este momento, como el marco informativo que se tratará de imponer en este periodo.
Un marco informativo que se construye entre falacias e información vertiginosa. Un marco que resalta triunfos inexistentes mientras que suelta temas distintos, a diestra y siniestra, cada mañana. Un marco informativo que impone a la opinión pública los temas más controvertidos —en un golpeteo veloz, continuo— sin que sea posible discernir los alcances del último cuando aparece uno más grave, más provocativo, más viralizable.
Como si se tratara de llevar la atención de un lugar a otro, en tanto la discusión sobre el absurdo cotidiano termina por opacar el que apenas acabó unas horas antes. Como si lo que se buscara, por parte del gobierno, fuera la desinformación por exceso de datos, como si se tratara de imponer la narrativa de un gobernante que, sin resultados, al fin proviene del pueblo bueno y se enfrenta a nuestros grandes enemigos históricos, para conseguir una reivindicación nacional. Un gobernante que se enfrenta a una mafia —inasible— que no ceja en el empeño de descarrilar a un Presidente tan bueno, pero tan bueno, que incluso está dispuesto a someterse a un proceso de revocación de mandato —en sus propios términos— para demostrar que tiene la legitimidad para lograr los grandes cambios. La narrativa precisa para obtener la mayoría en el Congreso, la aprobación para las reformas a su antojo y, sobre todo, la posibilidad de llamar a un nuevo constituyente, como ha sido avisado por el presidente de la Cámara. Como si el 2021 fuera así de importante.
Y sí lo es. Por eso la necesidad de la mayoría que apruebe un nuevo Constituyente; por eso la importancia de que el Presidente tenga la legitimidad para cambiarlo todo. Por eso la Guardia Nacional poniendo orden, por eso el gambito para que el gobierno español caiga en el juego semántico que le permite a la administración actual hacerse de la historia. Por eso las distracciones cotidianas, por eso cuando queremos discutir asuntos importantes terminamos hablando de beisbol. De los fifís. De los conservadores. De lo que vamos a hacer: de quien sea, menos de lo que realmente está pasando.