El buque no está a la deriva

Feliz cumpleaños al cielo, Chemita. Las imágenes son terribles. El buque majestuoso, la bandera ondeando. El tradicional saludo desde el aparejo e, instantes después, el impacto brutal contra el puente. El caos en la cubierta, los ...

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

                Feliz cumpleaños al cielo, Chemita.

Las imágenes son terribles. El buque majestuoso, la bandera ondeando. El tradicional saludo desde el aparejo e, instantes después, el impacto brutal contra el puente. El caos en la cubierta, los marinos colgando desde los travesaños, las operaciones de búsqueda y rescate. La conferencia de prensa, el anuncio oficial confirmando los decesos.

Los daños se repararán, sin embargo, y en poco tiempo el Cuauhtémoc volverá a surcar el mar con el viento en popa. La confianza, en cambio, tardará un poco más. Las imágenes son terribles, no sólo por la tragedia que retratan sino por las metáforas que concitan, en el momento menos oportuno: el barco a la deriva, el capitán sin control alguno sobre su navío. Los marineros indefensos, el azoro y la incredulidad. La aventura que comienza como un viaje de buena voluntad, pero que antes de partir se ha convertido en una catástrofe.

Y ahora, seguir adelante. El accidente del Cuauhtémoc marcará un hito simbólico en la relación entre México y EU, y será, sin duda alguna, uno de los temas centrales en la reunión que mantendrá la presidenta Sheinbaum con el nuevo embajador norteamericano, Ron Johnson, para recibir sus cartas credenciales: el oso visita al puercoespín una vez más, y parece querer cooperar para lograr sus propios fines. Una relación binacional complicada, tanto en lo interior como en lo exterior, que hoy inicia una nueva etapa con sus propios retos y desafíos: el mundo ha cambiado por completo, y las prioridades de los gobiernos en turno son muy distintas a las de sus predecesores.

The art of the deal. El escándalo de los políticos mexicanos a quienes se ha retirado la visa norteamericana —y presuntamente están sujetos a investigación en EU— no ha salpicado a la Presidenta, que cuenta con el 85% de aprobación entre la ciudadanía: la exhibición pública de los antiguos rivales, o de aquellos que fueron impuestos contra su voluntad, no haría sino fortalecerla más. La Presidenta es la líder moral de su movimiento, y la ausencia deliberada de López Obrador le ha permitido un margen de maniobra suficiente para tomar decisiones que le resultan incómodas a los que se asumen como los puros: la reacción de los periodistas cercanos al régimen ante el voto de confianza que pidió para el nuevo director del Metro capitalino, o la inexplicable publicación —en el otrora medio de confianza— de una fotografía que había sido desmentida con anterioridad, no son sino la muestra más visible de las fisuras al interior.

Y, aun así, la presidenta Sheinbaum sigue teniendo el 85% de aprobación. Las políticas públicas han cambiado —en los hechos— y los abrazos del ayer se han convertido en los balazos del presente. El Tren Maya se menciona de vez en vez, y la refinería ha quedado en el olvido. La Presidenta se fortalece mientras que el obradorismo se desdibuja: la Cuarta Transformación sigue adelante, mientras tanto, aunque poco tenga que ver con lo que el Mesías Tropical prometiera durante su campaña, o realizase durante su mandato, a pesar de las loas que le cantan. El margen de maniobra es suficiente, y el buque, en realidad, no está a la deriva.

Los daños se repararán, y muy pronto el Cuauhtémoc volverá a surcar los mares. La confianza se reparará, también, y en poco tiempo veremos acuerdos que tan sólo hace unos meses hubieran sido inconcebibles. El oso se presenta a negociar con el puercoespín, a sabiendas que su antecesor se ha convertido en un recuerdo difuso al que no sobreviven sino sus frases más célebres, los cargos que impuso para protegerse y las reformas nocivas que hoy están por aprobarse.

“Por el bien de todos, primero los pobres”, repetirá la Presidenta —y líder de su movimiento— mientras define su propio rumbo. Una Presidenta con el 85% de aprobación, y el margen de maniobra suficiente para seguirse deslindando, en los hechos, de todos sabemos quién. Welcome, Mr. Ambassador.

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