De hámsteres y otros animales
En un Congreso los zorros cuidan el gallinero, las intenciones casi nunca son lo que parecen.
En el ecosistema político mexicano, donde la adaptabilidad es clave para la supervivencia, el diputado Pedro Haces le regaló al país una frase para la posteridad: “Todos tenemos cola, la mía es de un hámster, chiquita, hay otros que ni la puerta cierra cuando pasan”. De una manera franca reconoció que era un roedor, cuando se reveló que era poseedor (también) de un rancho de superlujo en la CDMX.
En la selva del Congreso hay mucho más que hámsteres. Por ejemplo, están los camaleones, expertos en cambiar de color o de valores según la conveniencia del momento. No importa en qué partido iniciaron su carrera; si el viento sopla en otra dirección, su piel muta con rapidez. Alejandro Moreno es el mejor ejemplo: priista de cuna, pero con las habilidades de un reptil para adaptarse y sobrevivir. Ahora que se discute si le quitan el fuero, está a punto de demostrar qué tan bien puede camuflarse cuando la justicia lo busque.
Otro animal político es el gavilán, depredador nato con mirada afilada y garras listas para atrapar lo que pueda en cualquier oportunidad. Cuauhtémoc Blanco, exfutbolista y actual legislador de Morena, podría encajar aquí, aunque su estilo es más torpe, más parecido a un avestruz que esconde la cabeza cuando se siente amenazado. Ante las acusaciones en su contra, responde con una iniciativa para penalizar las “difamaciones”. Asegura que “a mucha gente le incomoda que yo esté aquí”, tiene toda la razón, a mucha gente pensante, honesta, le sorprende que Morena le haya abierto las puertas dándole un curul a un personaje como él.
Luego están los mapaches, expertos en operaciones clandestinas y maniobras políticas bajo la mesa. En este rubro destacan personajes con vocación dinástica, como Félix Salgado Macedonio, padre de la gobernadora de Guerrero, que quiere seguir gobernando el estado o, el actual mandatario de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo que sueña con heredarle el puesto a su esposa y senadora, Ruth González Silva. Ahora que se discute una iniciativa contra el nepotismo en periodos inmediatos, muchos se preguntan si la ley tendrá un efecto real para detener estas ansías de poder familiar.
Otro animal que destaca en este ecosistema es el buitre, paciente y siempre al acecho de la carroña política. Dentro del Congreso, algunos personajes parecen especializarse en aprovechar las crisis para sacar tajada, ya sea mediante negocios paralelos o reformas disfrazadas de buenas intenciones. La reciente aprobación de la reforma a la Ley del Infonavit es un ejemplo: sin moverle una coma, el Senado avaló la creación de una empresa filial para construir y arrendar viviendas. Morena y sus aliados juran que esto beneficiará a los trabajadores, mientras que el PAN y el PRI alertan sobre un posible saqueo a los ahorros de los derechohabientes. En un Congreso los zorros cuidan el gallinero, las intenciones casi nunca son lo que parecen.
La interacción entre estas especies no siempre es pacífica. En las sesiones, se pueden ver verdaderos enfrentamientos entre los distintos depredadores y presas. Mientras unos intentan aferrarse al poder, otros buscan derribarlos a dentelladas, y los más hábiles se limitan a observar desde la sombra, esperando el momento oportuno para atacar o pactar alianzas.
Así pues, en el zoológico político, las ratas no están solas: los acompañan los camaleones, los gavilanes, los mapaches, los buitres, los zorros que siguen al mando de la madriguera que conviven alegremente con los burros, los perezosos, y, cómo no, las serpientes venenosas, siempre listas para deslizarse entre las curules y soltar una mordida letal en forma de iniciativa sorpresa.
