La última y nos vamos

“Con el uso dan de sí”, “la última y nos vamos”, “mañana te pago”, “ahorita lo hago” y “ya voy llegando” son mentiras comunes que se utilizan en México, frases que se han convertido en el remedio infalible para salir de una situación incómoda y ...

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

“Con el uso dan de sí”, “la última y nos vamos”, “mañana te pago”, “ahorita lo hago” y “ya voy llegando” son mentiras comunes que se utilizan en México, frases que se han convertido en el remedio infalible para salir de una situación incómoda y momentánea, que dura hasta que la verdad florece.

En la política también existen frases utilizadas para salir del paso: “Llegaremos hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga y tope donde tope”, “No habrá impunidad”, y “Nadie está por encima de la ley”. Algunas mentiras han sido, incluso, históricas y tienen rango presidencial.

“Aunque no parezca, vamos ganando todos los mexicanos y vamos a ganar (la guerra contra el narcotráfico)” y “Hemos ido acotando el poder de las organizaciones, quitándoles poder de fuego”, expresiones de Felipe Calderón. “En 15 minutos resuelvo el problema de Chiapas” y “Tendremos un crecimiento (económico) superior a siete por ciento” fueron frases de Vicente Fox. “Si llevamos a cabo esta reforma bajará el precio de la luz” y “Se acabaron los gasolinazos que tanto lastimaron mes a mes la economía de las familias mexicanas”, aseguró en su momento Enrique Peña Nieto. Por supuesto, nada de esto sucedió.

En últimas fechas, las declaraciones patrimoniales de los políticos se han convertido en una fuente inagotable de mentiras o, por lo menos, verdades a medias.

Al hacer pública su declaración 3de3, Andrés Manuel López Obrador declaró que no tiene casas ni autos, prácticamente ni un solovino que le ladre. Por supuesto, esto levantó sospechas y el tabasqueño se defendió señalando que él no es como los priistas. El líder de Morena recibió las mismas críticas que cuando el exjefe de gobierno Marcelo Ebrard señaló que no tenía ningún bien inmueble, ni siquiera un vochito que manejar. Los priistas no se quedan atrás. En su declaración, Javier Duarte, gobernador de Veracruz, reportó tener dos casitas que apenas suman un millón 700 mil pesos y tres vehículos ¡dos de los cuales fueron donaciones! A todos ellos habría que culparlos por empobrecimiento ilícito.

Pero las “mentiras piadosas” no son la única forma de salir del paso. Bien se dice que un político sonríe cuando encontró a quién echarle la culpa y en México la falta de autocrítica y la repartición de culpas es memorable.

En los últimos días, el titular de la Comisión Nacional del Deporte, Alfredo Castillo,  ha dado cátedra de cómo deslindar responsabilidades. En las diversas entrevistas ha culpado a los malvados jueces de los Juegos Olímpicos, a las terribles federaciones deportivas o a que no se pudieron hacer los cambios que se requerían. Hasta tienen la culpa los 200 países que se prepararon para competir y no dejaron solo a México. Para el excomisionado de seguridad de Michoacán, no se puede criticar a la Conade porque, según dijo en una entrevista radiofónica en MVS, la Comisión es apenas “una agencia de viajes”. Seguramente la agencia más cara del país y del mundo.

Lo que sí hay que reconocer es que Castillo dijo la que muy probablemente será una gran y dolorosa verdad: “No esperen medallas” en las Olimpiadas.

Además de las mentiras y la repartición de culpas, es muy recurrente el conformismo como medida de protección ante la derrota. El “Jugamos como nunca, perdimos como siempre”. Es por eso que en la justa deportiva de Río de Janeiro se han escuchado frases como: “Hoy vemos como un fracaso un quinto o un sexto lugar, pero no cualquiera lo puede lograr” o “Mi consuelo en estos momentos es que ya la tengo (la medalla de Londres 2012)”.

Temas: