La generación ansiosa

Las buenas relaciones dependen en gran medida del ámbito familiar y social; se pueden enseñar, pero, sobre todo, se aprenden con ejemplos imitables, entornos coherentes y buen acompañamiento.

La lectura, fuente de sabiduría, a veces nos confronta con noticias dolorosas. Más allá de cualquier obra de literatura dramática o teoría conspirativa futurista, la realidad puede ser la más dura de las narrativas.

Jonathan Haidt, en su reciente libro La generación ansiosa, examina las situaciones que enfrentan las personas nacidas después de 1995. La depresión entre adolescentes, especialmente entre las mujeres, ha aumentado significativamente. El porcentaje de estudiantes universitarios con problemas de ansiedad ha crecido 134% en la última década, con el mayor aumento en personas entre 18 y 25 años. Haidt atribuye parte de este problema al mundo digital.

Por otra parte, la reconocida psiquiatra Marian Rojas, en su libro Recupera tu mente, señala que 26% de los jóvenes españoles entre 16 y 29 años sienten soledad no deseada. La soledad se equipara a otros factores de riesgo como el alcohol, tabaco, obesidad o la falta de ejercicio. Rojas sugiere que parte del problema deriva de las redes sociales. Por ello, ha llevado a cabo estudios sobre los efectos químicos, biológicos y neurológicos que las redes producen en sus usuarios. Según Rojas, uno de los problemas infravalorados es la pornografía. Ahora, el cine porno está en nuestros bolsillos. El 88% del contenido sexual que circula por las redes contiene material agresivo, violento y denigrante para la mujer. La autora relata una conversación con un policía dedicado a delitos sexuales, quien le confesó que, en su experiencia, no existía ningún violador que no hubiera consumido muchas horas de pornografía.

Haidt argumenta que las principales razones por las que las generaciones nacidas después de 1995 son ansiosas es la sobreprotección en el mundo real y la infraprotección en el virtual. Rojas añade que también ha influido la epidemia de rupturas matrimoniales, los horarios disparatados y el envejecimiento de la población. La tendencia relacionada con mayor ansiedad en jóvenes es claramente prepandémica.

Aunque las lecturas ofrecen sombras en ocasiones, también suelen tener luces, al igual que la vida misma. Según Rojas, las relaciones sanas alivian las peores heridas y la neuroplasticidad funciona, incluso en casos difíciles. Haidt destaca que los puntos fuertes de la Generación Z pueden ayudarles a salir adelante: son abiertos, quieren estar más fuertes y sanos, son receptivos a nuevas formas de interacción y desean un cambio sistémico hacia un mundo más justo y solidario.

No hay consenso entre los expertos sobre los alcances y límites de una posible legislación para reducir el uso de smartphones en niños y adolescentes. Sin embargo, sí coinciden en la necesidad de generar mejores relaciones presenciales entre las personas. Jean Twenge demostró hace pocos años que los adolescentes que participaban en actividades presenciales como equipos deportivos y comunidades religiosas gozaban de mejor salud mental. Haidt propone soluciones sencillas, pero eficaces, como fomentar el juego sin supervisión en niños y adolescentes.

En respuesta a esta situación, las instituciones educativas, especialmente las universidades, han desarrollado cada vez más ecosistemas de salud y bienestar. Han creado centros de wellness, áreas para recreación y descanso, y espacios para la meditación. Nuestros estudiantes no son máquinas de estudio, sino personas que necesitan un desarrollo integral que involucre equilibrio de vida y espacios para establecer relaciones sanas.

Sin embargo, las instituciones educativas no pueden hacerlo solas. Las buenas relaciones dependen en gran medida del ámbito familiar y social; se pueden enseñar, pero, sobre todo, se aprenden con ejemplos imitables, entornos coherentes y buen acompañamiento.

Coincido con la doctora Rojas. Creo en la neuroplasticidad del cerebro y en la increíble y desaprovechada fuerza positiva de las relaciones entre personas. También con Haidt en que hay que proteger a los niños de los peligros relevantes y dejarlos más libres en los irrelevantes. Para superar esta crisis de la generación ansiosa necesitamos una plasticidad social, alejada de la polarización, con familias cercanas y unidas y con numerosas pequeñas comunidades (culturales, deportivas, sociales, etcétera) donde las buenas relaciones sean una realidad presente o, al menos, una posibilidad futura.

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