Las matriarcas en la empresa familiar

Salo Grabinsky

Salo Grabinsky

Del verbo emprender

“Detrás de cada hombre célebre... hay una mujer incrédula”. En serio, hay infinidad de casos de mujeres que, con discreción, astucia y una fuerza de voluntad muy loable sacaron adelante a sus maridos, hijos y demás parientes.  

En este artículo nos dedicaremos a ver a la matriarca en una familia extendida, tomando en cuenta su relación con la dinámica que se da en su núcleo casero y trasladándola a la empresa familiar.

El sistema tradicional que se ha vivido en muchas familias en nuestro país y otras regiones tiene una dualidad: Por cada patriarca benévolo o autócrata que preside sobre las vidas y actos de sus hijos y demás familiares existe su contraparte, que son las esposas-matriarcas que tienen un rol principal en cada familia. Vamos a analizarlo en el contexto de los negocios familiares.

La matriarca es la clave de la familia. La dinámica interna y los hilos de todo el grupo familiar los maneja cuidadosamente. Ella tiene múltiples funciones, empezando por ser la consejera de su marido y lo apoya en forma efectiva, en principio en su hogar, pero también ante sus hijos y en muchas ocasiones también dentro del negocio familiar. Este ejemplo es conocido: “El dueño es el señor X, pero la que tiene la chequera” (o los tokens) es su esposa. Igualmente, la matriarca es el paño de lágrimas y suave defensora de sus hijos ante ciertas órdenes del patriarca, buscando que haya paz y armonía y es un factor clave para que los ánimos no se desboquen. Por su carácter y sentimientos es la que convence, apapacha y cuida a los miembros de la familia y en especial con las hijas puede llegar a ser un apoyo maravilloso en sus actividades. En el caso de las nueras o yernos la situación no es tan sencilla. Baste decir que es muy útil y mutuamente beneficioso el que haya una buena relación y cariño entre los yernos y nueras con las suegras. 

Por otra parte, la cónyuge de un hombre rígido y autócrata adopta el síndrome de la “abnegada madre mexicana (o china, árabe, etcétera) en el que su pasividad esconde un resentimiento que, de no ser canalizado productivamente, la envenena a ella y a sus seres queridos. Todavía hay, por desgracia, casos de violencia física y verbal contra mujeres creando traumas en todos los que lo viven. La madre abnegada se resigna y se refugia en su casa y sus hijos no pueden recibir cariño y buenas vibraciones porque ella está aplastada. En otras ocasiones hay una rebelión solapada y secreta creada por la matriarca buscando el apoyo de los hijos y que es dirigida al patriarca. Los efectos son diversos, pero generalmente nada saludables.

En los negocios de estructura familiar que me ha tocado conocer y asesorar en estos años el rol de la matriarca es crítico. Generalmente, la busco para que me explique a su entender no el negocio, sino la impresión que tiene de la dinámica familiar, los conflictos y rivalidades subterráneas y también la apreciación que tiene de su cónyuge y el negocio en general. Una madre es vital para inculcar el espíritu creativo y emprendedor en su familia, lo cual va a ser importantísimo para crear después familias sanas y preservar la continuidad de la empresa familiar. Sus consejos y pensamientos son absorbidos como esponjas por sus hijos y dictan muchas de sus acciones futuras.

En las familias patriarcales que aún tenemos en nuestra comunidad, aunque haya a veces extremos indeseables, hay que analizar la mancuerna patriarca-matriarca como la base para el desarrollo de las futuras generaciones y para seguir reanimando el proyecto compartido en una empresa familiar. 

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