“Detrás de cada hombre célebre... hay una mujer incrédula”. En serio, hay infinidad de casos de mujeres que, con discreción, astucia y una fuerza de voluntad muy loable sacaron adelante a sus maridos, hijos y demás parientes.
En este artículo nos dedicaremos a ver a la matriarca en una familia extendida, tomando en cuenta su relación con la dinámica que se da en su núcleo casero y trasladándola a la empresa familiar.
El sistema tradicional que se ha vivido en muchas familias en nuestro país y otras regiones tiene una dualidad: Por cada patriarca benévolo o autócrata que preside sobre las vidas y actos de sus hijos y demás familiares existe su contraparte, que son las esposas-matriarcas que tienen un rol principal en cada familia. Vamos a analizarlo en el contexto de los negocios familiares.
La matriarca es la clave de la familia. La dinámica interna y los hilos de todo el grupo familiar los maneja cuidadosamente. Ella tiene múltiples funciones, empezando por ser la consejera de su marido y lo apoya en forma efectiva, en principio en su hogar, pero también ante sus hijos y en muchas ocasiones también dentro del negocio familiar. Este ejemplo es conocido: “El dueño es el señor X, pero la que tiene la chequera” (o los tokens) es su esposa. Igualmente, la matriarca es el paño de lágrimas y suave defensora de sus hijos ante ciertas órdenes del patriarca, buscando que haya paz y armonía y es un factor clave para que los ánimos no se desboquen. Por su carácter y sentimientos es la que convence, apapacha y cuida a los miembros de la familia y en especial con las hijas puede llegar a ser un apoyo maravilloso en sus actividades. En el caso de las nueras o yernos la situación no es tan sencilla. Baste decir que es muy útil y mutuamente beneficioso el que haya una buena relación y cariño entre los yernos y nueras con las suegras.
Por otra parte, la cónyuge de un hombre rígido y autócrata adopta el síndrome de la “abnegada madre mexicana (o china, árabe, etcétera) en el que su pasividad esconde un resentimiento que, de no ser canalizado productivamente, la envenena a ella y a sus seres queridos. Todavía hay, por desgracia, casos de violencia física y verbal contra mujeres creando traumas en todos los que lo viven. La madre abnegada se resigna y se refugia en su casa y sus hijos no pueden recibir cariño y buenas vibraciones porque ella está aplastada. En otras ocasiones hay una rebelión solapada y secreta creada por la matriarca buscando el apoyo de los hijos y que es dirigida al patriarca. Los efectos son diversos, pero generalmente nada saludables.
En los negocios de estructura familiar que me ha tocado conocer y asesorar en estos años el rol de la matriarca es crítico. Generalmente, la busco para que me explique a su entender no el negocio, sino la impresión que tiene de la dinámica familiar, los conflictos y rivalidades subterráneas y también la apreciación que tiene de su cónyuge y el negocio en general. Una madre es vital para inculcar el espíritu creativo y emprendedor en su familia, lo cual va a ser importantísimo para crear después familias sanas y preservar la continuidad de la empresa familiar. Sus consejos y pensamientos son absorbidos como esponjas por sus hijos y dictan muchas de sus acciones futuras.
En las familias patriarcales que aún tenemos en nuestra comunidad, aunque haya a veces extremos indeseables, hay que analizar la mancuerna patriarca-matriarca como la base para el desarrollo de las futuras generaciones y para seguir reanimando el proyecto compartido en una empresa familiar.
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