Sheinbaum, 8M, la responsabilidad de ser votada

Ricardo Peralta Saucedo

Ricardo Peralta Saucedo

México correcto, no corrupto

El liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo nace de un mandato democrático sin precedentes: más de 36 millones de votos depositados en las urnas durante la elección presidencial de 2024, una de las votaciones más contundentes en la historia política de México. Ese respaldo masivo implica una responsabilidad política y moral de gran dimensión. Particularmente significativa fue la composición del electorado que la llevó al poder: el voto femenino representó alrededor de 52% y cerca de 59% de las mujeres que acudieron a las urnas respaldaron su candidatura, mientras que entre los hombres el apoyo alcanzó aproximadamente 62 por ciento. Este respaldo transversal de género no sólo legitimó su triunfo, sino que la colocó frente a una responsabilidad histórica: gobernar para todos los mexicanos, pero con una atención especial hacia las mujeres que durante siglos lucharon por abrir espacios de participación política.

En ese contexto, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer adquiere una dimensión particularmente simbólica en el México contemporáneo. Reconocer públicamente a servidoras públicas y a integrantes de las Fuerzas Armadas mediante condecoraciones y actos institucionales inéditos no es un gesto protocolario menor: representa el reconocimiento del mérito femenino dentro de la estructura del Estado. La mujer mexicana constituye el núcleo de la vida social y económica del país. La historia nacional confirma que la participación femenina ha sido decisiva en los momentos fundacionales del país. Durante la Guerra de Independencia de México, figuras como Leona Vicario financiaron y organizaron redes de inteligencia insurgente que resultaron cruciales para el movimiento emancipador. Más tarde, en la Revolución Mexicana, miles de mujeres —soldaderas, enfermeras, mensajeras y estrategas— sostuvieron la logística y la resistencia de las fuerzas revolucionarias, mientras personajes como Carmen Serdán encarnaron la valentía civil frente al régimen porfirista. Estas mujeres no sólo participaron en la historia: ayudaron a escribirla.

En el ámbito económico contemporáneo, la presencia femenina ha transformado la manera de administrar los recursos públicos y privados. Diversos estudios de economía institucional han demostrado que la participación de mujeres en la dirección de empresas y en la gestión de las finanzas públicas suele fortalecer la transparencia, la disciplina presupuestal y la visión de largo plazo. Hoy, miles de mujeres dirigen empresas, bancos, universidades y organismos públicos, aportando una perspectiva estratégica indispensable para el desarrollo nacional. Diputadas, senadoras y gobernadoras encabezan hoy algunos de los mejores índices de aprobación ciudadana en el país. Entre estos casos destaca el de la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar Cisneros, quien se ha distinguido por resultados de gobierno ampliamente reconocidos y por mantener altos niveles de aprobación ciudadana. También en el deporte las mujeres mexicanas han demostrado disciplina y excelencia. Atletas como Ana Gabriela Guevara o Paola Espinosa han colocado el nombre de México en lo más alto de las competencias internacionales, recordando que el talento femenino florece cuando se abren oportunidades reales. Por ello, el 8 de marzo no debe limitarse a una fecha de protesta ni a una efeméride simbólica. Debe ser una jornada de memoria histórica y de compromiso colectivo para fortalecer la vinculación entre los géneros, donde los derechos humanos y la igualdad sustantiva se conviertan en la plataforma común de las sociedades democráticas.

México vive hoy una coyuntura singular: por primera vez una mujer gobierna la República con un respaldo popular abrumador. Esa legitimidad democrática implica una responsabilidad histórica. Haber sido votada por millones de mexicanas y mexicanos significa también representar las aspiraciones de generaciones de mujeres que lucharon por conquistar espacios de dignidad, igualdad y poder público. En esa responsabilidad se define la dimensión histórica del momento que vive México.