Revelaciones del caso Cuauhtémoc Blanco
La defensa de Blanco es una “victoria” de hombres ejerciendo el poder

Ricardo Pascoe Pierce
En el filo
En los medios de comunicación existe consenso en que la presentación del diputado Cuauhtémoc Blanco ante la Fiscalía General de Justicia del Estado de Morelos con fuero en la mano, equivale a un acto sin relevancia jurídica. En todo caso, es una burla a la justicia.
Es una burla al movimiento de mujeres que, durante años, ha reclamado una exigencia: hay que creerle a la mujer, en primera instancia. ¿La razón? Hay tres feminicidios al día en México, según cifras oficiales, aunque las organizaciones independientes, como el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, reporta que la cifra real es mayor porque muchos no se reportan o se clasifican como simples homicidios.
Cuauhtémoc Blanco no es acusado de feminicidio, sino de violación en grado de tentativa. En México, las cifras oficiales de 2023 reportaron 23,963 violaciones (violación simple y equiparada, que es el caso de Blanco), lo que equivale a 66 violaciones por día. Sin embargo, el Inegi estima que sólo se denuncia 10% de las agresiones, lo cual significa que diariamente la cifra es notoriamente superior.
Datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en el Hogar (2021) indican que más de 70% de las mujeres en México ha sufrido, al menos, un incidente de violencia por parte de su pareja en el hogar, ya sea emocional, física, sexual o económica.
Hay muchas razones que explican el subregistro de estos delitos, siendo muy importantes el miedo y la desconfianza hacia las autoridades.
El caso de Cuauhtémoc Blanco es, y será para siempre, emblemático. Todo el partido oficial de Morena y sus aliados, junto con el PRI, se movilizaron en defensa del presunto agresor a una mujer, y votaron en contra de una mujer, ahora considerada como siniestra. La bruja de todos los cuentos infantiles. ¿Qué intimidación social, legal y política más potente que eso puede existir contra las mujeres? Especialmente cuando ese partido oficial ganó la Presidencia de la República y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, alegando que estamos “en tiempos de mujeres” y que “llegamos todas”.
Obviamente, la Presidenta y la jefa de Gobierno tuvieron que avalar la decisión, aun suponiendo que podrían haber estado personalmente en contra. Por lo pronto, no hablaron públicamente en contra de otorgarle perdón a Blanco. No se atrevieron. ¿Qué nos revela esta conducta de las dos mujeres líderes políticas más importantes del país?
Que son gobernantes débiles y dominadas por una estructura patriarcal que las colocó en un lugar de liderazgo, pero que no les permite ejercer su autoridad a plenitud. Están limitadas a los dictados de otros, presumiblemente hombres.
Y revela la debilidad política, ética, programática y moral de las estructuras de su partido que, con una mujer ocupando la presidencia de Morena, tampoco habló ni defendió a la mujer víctima de un presunto agresor sexual.
La defensa de Cuauhtémoc Blanco es una “victoria” de hombres ejerciendo el poder político real. Es la consolidación de una cultura de protección y alianzas que hace pequeñas a todas las mujeres, sin excepción, y es una muestra de quién manda en México.
Y a todo esto, ¿quién manda aquí? ¿Cuauhtémoc Blanco? ¿Los diputados y senadores o sus líderes, hombres todos? ¿Quién manda en Morena si no es su presidenta?
¿O será que todas las mujeres del poder piensan que Cuauhtémoc Blanco ha sido maltratado por una mujer siniestra? Si es así, la República está perdida y la democracia también. Porque con esa estructura de poder nadie se atreve a pensar con libertad.
Hemos perdido mucho más de lo que nos podemos imaginar con esa defensa del presunto agresor. Hemos perdido esencia, empatía y rumbo, hemos torcido irrevocablemente nuestra humanidad.
¿Sabremos encontrar el camino para construir un país para todas y todos, sin retórica y mentiras?