No al Corredor Chapultepec

Mi opinión en contra del proyecto Corredor Cultural Chapultepec no es por oposición ante los muchos desarrollos irracionales que hay en la ciudad. Es por un problema de método. Lo que más le hace falta a la ciudad, y sin duda a sus gobernantes, son ideas sobre lo que ...

Mi opinión en contra del proyecto Corredor Cultural Chapultepec no es por oposición ante los muchos desarrollos irracionales que hay en la ciudad. Es por un problema de método.

Lo que más le hace falta a la ciudad, y sin duda a sus gobernantes, son ideas sobre lo que debiera ser la ciudad en 50 años. Las autoridades tienen muchas ocurrencias para el mañana, pero rehúyen a la planificación de largo plazo. Chapultepec tiene el mismo problema que las Granadas, Santa Fe, la planta de asfalto en Coyoacán, Río Mixcoac o la Doctores. Son la negación a la idea de una ciudad ordenada, pensada y orientada en su crecimiento a largo plazo. No es suficiente decir que se aspira a una ciudad compacta, dinámica, policéntrica y equitativa. Hay que diseñar instrumentos para lograr esos objetivos en el largo plazo. El problema con el proyecto en Chapultepec es que no está pensado más allá del lugar de la “incisión” quirúrgica (como la picadura de mosquito) del desarrollador. No se establecen los parámetros de su impacto en todo el territorio circundante, sino que se calcula la rentabilidad para el inversor. Que conste: no estoy en contra de los desarrolladores. La molestia es porque las autoridades, renegando de su responsabilidad, se niegan a planificar y se pliegan a ocurrencias necias.

En el caso de Chapultepec hicieron, como es su método, todo al revés. Empezó en tiempos de Ebrard, cuando adjudicaron ilegalmente a una empresa ficticia la construcción del Cetram y un complejo de edificios para hotel y centro comercial donde actualmente se ubica el Metro Chapultepec. En este sexenio, a esa empresa artificial le otorgaron créditos para avanzar en su proyecto, agregándole a la zona este nuevo proyecto: el corredor, inicialmente vendido como cultural, sobre la avenida Chapultepec. Primero vino la propuesta de proyecto realizado por los desarrolladores, y luego vino la justificación, de parte de la autoridad, de su “sentido urbanístico”, con una denominación cultural, a sabiendas que de cultural no tiene nada. Como corredor peatonal en el segundo piso, no resuelve temas de movilidad en la zona. Lo que se crea es un mall aéreo, probablemente de complicado acceso peatonal, lo cual augura su posible fracaso comercial. Y sobre el impacto que causará en las colonias aledañas, especialmente la Zona Rosa, no se piensa nada ni se dice nada, ni sobre la creación de nuevos espacios tipo bajopuentes, que generan todo tipo de problemas sociales y de seguridad, en el DF, igual que en Nueva York y Tokio. Tampoco se habla sobre los efectos de plusvalía en los predios circundantes y alejados. Ni del aumento de prediales, o sobre la presión del abasto de servicios urbanos básicos a kilómetros a la redonda. Ni de los impactos para la sustentabilidad y movilidad de las colonias colindantes. Y, por último, el hecho de que, como una obligada ocurrencia posterior, se tuvo que aceptar la consulta ciudadana.

Curiosamente, este proyecto urbano de alto impacto no fue impulsado ni planeado por la Seduvi, sino por una empresa comercial del GDF. Eso es una aberración. En términos de negocio puede ser comprensible. Pero la planeación urbana, en sí misma, no es un negocio. En todo caso, es el arte de hacer sustentable y habitable la ciudad para todos. Por ello, votar NO significa frenar a una autoridad incompetente para, desgraciadamente, empezar de nuevo. Y es que avenida Chapultepec sí merece ser rescatada, pero para la ciudad.

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