Las midterms de Estados Unidos

Ricardo Ortiz Esquivel

Ricardo Ortiz Esquivel

Internacionalística

Por fin, las elecciones intermedias o las midterms de Estados Unidos llegaron a su fecha. Millones de votantes del país vecino participaron de manera anticipada, por correo o de manera presencial. Era hora de saber cómo se sentía el estadunidense ante las políticas internas o externas, como también de las decisiones tomadas por parte del presidente más poderoso del mundo en casi dos años de su segunda administración. Yo, en lo personal, lo sentí como un referendo o un plebiscito para el presidente de Estados Unidos, aunque no apareciera su nombre o foto. Él es la cabeza de MAGA y de los republicanos. Él tenía el poder casi absoluto en Washington. Él fue el mayor exponente para determinar si su partido obtendría una mayoría, minoría o un empate en el Capitolio. Él tendría la culpa, la astucia o la suerte. Él sería el responsable de un rotundo fracaso o una sorpresiva victoria. Solamente él. Nadie más. Así lo considero yo.

Sobre lo que estaba en juego, eran un total de 470 escaños: 435 en la Cámara de Representantes y 35 en la Cámara de Senadores. Gubernaturas estaban fijadas en 36. Congresos estatales o locales, también.

Los pronósticos predominaban en una arrolladora victoria azul dentro de la Cámara de Representantes. Mientras que en el Senado se hacía sentir un empate casi con olor a victoria para los republicanos. Sobre las gubernaturas, existía la posibilidad histórica de que los demócratas ganaran en Texas, Kansas, Iowa, Michigan, Ohio, Carolina del Norte, etcétera.

Así pues, el mundo estaba más que interesado en el futuro político de Estados Unidos y de la presidencia de Donald Trump. Era la caída de MAGA o un balance dentro del Capitolio con el porvenir de muchas negociaciones para poder pasar leyes, como también presupuestos. No se sentía, como tal, una marea roja o una paliza conservadora. El panorama no resultaba cómodo para los republicanos en casi ninguna encuesta o en lo que reportaban las principales cadenas del país vecino. Solamente se veían buenos destellos por parte de los principales propagandistas MAGA o de las miles de páginas bot en X.

Ante esto, los principales factores eran más que obvios hablando sobre un mal desempeño por parte de Trump y el porqué de los malos pronósticos: el precio de los combustibles, de la despensa, la guerra con Irán y la corrupción dentro del gobierno trumpista.

El electorado estadunidense tomó su decisión este martes. La respuesta no fue nada cálida ni buena para los republicanos. La factura se pasó y se cobró a Trump. Los demócratas arrasaron no tanto por su agenda o propuestas, sino por el hecho de querer castigar al actual mandatario estadunidense. Estados que eran republicanos cayeron ante una oleada de votos azules. El sentir del pueblo norteamericano se reflejó en la urnas, con lo cual, al momento, los demócratas superan los 250 escaños en la Cámara de Representantes, teniendo más que la mayoría. Mientras que en el Senado los demócratas tienen logrados 54 de los 100 escaños, frente a 44 de los republicanos. Asimismo, 22 gubernaturas son para el Partido Demócrata, dejando con tan sólo 12 al Partido Republicano. Faltan por definirse Alaska y Kansas, aunque todo indica que serán para los demócratas.

Al leer esto, no puedo pensar en otra cosa más que una derrota histórica. El castigo llegó. La democracia jugó su papel. El hombre más poderoso del mundo perdió. Ahora, su berrinche será gobernar con el veto y bajo la presión demócrata.

Se vienen semanas interesantes en Estados Unidos.