El golpe bajo del pueblo argentino
La coalición del oficialismo se confió con los resultados a boca de urna

Ricardo Ortiz Esquivel
Internacionalística
La mirada agachada de la vicepresidenta Cristina Fernández en el búnker de la coalición Frente de Todos reflejaba la derrota, la decepción y el estado de ánimo ante los malos resultados que recibió el oficialismo argentino en las elecciones primarias nacionales del pasado domingo.
De todos los presentes en el escenario, la que menos pudo disimular la derrota fue sin duda alguna la vicepresidenta Fernández. Su lenguaje corporal lo decía todo: 17 provincias arrebatadas (incluyendo Buenos Aires y Santa Cruz, cuna del kirchnerismo) y con el riesgo de perder la mayoría en el Congreso argentino si los resultados no cambian en las elecciones de noviembre.
La coalición del oficialismo se confió de manera anticipada con los resultados a boca de urna sin esperarse al conteo oficial de la Cámara Nacional Electoral. Ya para las 8-9 de la noche, la historia era diferente en el “Búnker K” de Frente de Todos.
El presidente Alberto Fernández tuvo que salir al escenario queriendo calmar los ánimos de todos los presentes y prometiendo que su gobierno escucharía a todos los argentinos para saber en qué se necesitaba mejorar. Después de tres años de gobierno, apenas van a escuchar a los argentinos. ¡Qué ironía!
Cínicamente, declaró que “algo no habrán hecho bien” para haber obtenido un pésimo resultado en las elecciones primarias de octubre. ¿Algo no habrán hecho bien? El descontento social con el escándalo de la vacunación VIP, el robo de vacunas, el Olivos gate con la fiesta clandestina de la primera dama en la residencia presidencial; una inflación desmesurada de 29% de enero a julio y 50% en un año; una pobreza de 42% a nivel nacional, el cierre masivo de empresas, la depreciación del peso argentino en 40%; el desmesurado poder que quiere tener Cristina Fernández; la mala gestión de la pandemia, etcétera. No me caben los motivos por los cuales el argentino promedio se hartó del populismo peronista-kirchnerista.
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La derrota oficialista del domingo pasado provocó discusiones entre el presidente, la vicepresidenta y el equipo táctico del gobierno. Cada quien echándose la culpa de lo sucedido. Para el miércoles, Cristina Fernández pidió la renuncia de cinco ministros de Estado (allegados suyos) y cinco funcionarios pesados de la Casa Rosada.
El revoloteo de las renuncias y la cobertura informativa crearon una crisis política no sólo dentro del gobierno, sino también en todo Argentina. Las críticas periodísticas a nivel nacional se comían a “los Fernández”. Hasta el momento, el presidente habría aceptado la renuncia del ministro del Interior, pero no quiere realizar cambios tan bruscos, sino hasta después de noviembre.
La coalición opositora Juntos por el Cambio logró quitarle la sonrisa a un gobierno que en 2019 había arrasado en todo el país con el boom peronista-kirchnerista. Ahora, con un padrón participativo de 66.21% (bastante bajo para Argentina), la oposición dejó de rodillas a un movimiento que está perdiendo poder hasta en las provincias más kirchneristas: Buenos Aires y Santa Cruz.
La paliza duele y con una derrota así, la “Cúpula K” podría tener problemas en los dos años restantes que le quedan al presidente Alberto Fernández.
El golpe bajo del pueblo argentino pegó en todos los rincones y hace entender que la sociedad no vive del discurso populista o de echarle la culpa al pasado. Se necesita más que sólo escuchar el apellido Kirchner o ver los escándalos de los que vive el gobierno albertista.
El pueblo se cansa tarde o temprano de lo mismo.