Evidencias incriminadoras
Queda claro que los controles de vigilancia de la DEA no funcionaron; y no se sabría de no haberse expuesto el informe de una instancia ajena.

Raúl Contreras Bustamante
Corolario
Los medios informativos mexicanos han dejado de lado una noticia de algo que aconteció en Estados Unidos, pero que debido a su trascendencia debería tener una mayor discusión, análisis y repercusión en nuestro país.
Un informe del Departamento de Justicia de EU reveló que, a finales de marzo, al menos tres agentes supervisores de la DEA recibieron dinero, regalos y armas de miembros de los cárteles de la droga, además de servicios sexuales de prostitutas en Colombia.
Después del escándalo que se originó como consecuencia de esa investigación, el secretario de Justicia, Eric Holder, informó la decisión de la directora de la agencia antinarcóticos estadunidense, Michele Leonhart, de renunciar a su cargo, “a mediados de mayo”.
Queda claro que los controles de ética, comportamiento, así como de vigilancia interna de la DEA no funcionaron; y que de no haberse expuesto el informe de una instancia ajena, las cosas hubieran transcurrido dentro de la opacidad característica de esta inefable agencia estadunidense.
Hace años un amigo, cercano a las agencias de seguridad nacional, que perfectamente puede encajar en el personaje magistral creado por Héctor Aguilar Camín, en La Guerra de Galio, me explicó a detalle cuál es la verdadera misión de la DEA.
Recuerdo que me dijo que su objetivo primordial es el control del ingreso, distribución, venta, suministro y consumo de todo tipo de drogas en Estados Unidos. Ante el hecho incontrovertible de que en esa vecina nación habitan millones de adictos, la DEA tiene que cuidar que exista suministro. Es un asunto de su seguridad nacional, ya que la falta de abastecimiento, muy probablemente generaría el desquiciamiento y violencia de tanto enfermo.
En consecuencia, aspira a controlar la cantidad y el flujo de narcóticos para no inundar al mercado. Por eso nunca existen grandes decomisos dentro del territorio americano. Con tantos instrumentos de investigación y recursos tecnológicos, los cargamentos de estupefacientes —al pasar la frontera— simplemente se desvanecen. Entra la que se quiere, necesita, comercializan y consumen.
Luego el precio y la calidad, porque si el mercado se desequilibra y entra droga en demasía, los precios se abaratan; y la calidad, porque afecta a los consumidores. Hay estados donde la siembra y venta de mariguana es legal, luego entonces, también cuidan a ese mercado nacional de la competencia extranjera.
Por último, y no menos importante, controlan el destino de las ganancias. Una parte hacia el sistema financiero —lavado de dinero— y otra fundamental: la DEA ha financiado muchas operaciones políticas y de espionaje encubiertas, subversivas y prohibidas por el Congreso, con fondos que se obtienen del control del narcotráfico.
Prueba de todo lo expresado es que la prensa refiere que ninguno de los agentes relacionados con el escándalo provocado por la corrupción y su involucramiento con los cárteles de la droga colombiana, fue expulsado de la corporación. Así o más claro.
Estas evidencias deben ser aprovechadas por nuestro gobierno para replantear la relación entre las agencias de ambos países. En bastantes problemas de violencia estamos sumergidos, por ayudarles a que cumplan con sus metas y acciones inconfesables.
Como Corolario, vale la pena recordar la frase de Napoleón: “Toda la vida está sujeta a cálculo”.