El repliegue de EU y la nueva geopolítica

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

En el tablero global, los cimientos trazados luego de la Segunda Guerra Mundial se están desmoronando rápidamente.  

La mirada mexicana respecto de Estados Unidos suele detenerse en la agenda fronteriza o, cuando va muy lejos, la política interna de ese país. Pero ahora sería aconsejable levantar la vista más allá. El centro de gravedad de la política internacional sufre una metamorfosis radical. La reciente firma de un pacto de defensa mutua entre Arabia Saudita, Turquía y Pakistán —un bloque al que Egipto podría sumarse próximamente— representa el nacimiento de una suerte de “OTAN islámica”. Este fenómeno no es casualidad, sino síntoma de un cambio de época.

Parte sustancial de este giro histórico radica en Washington. En su afán pragmático por ahorrar recursos fiscales y reorientar prioridades, Estados Unidos está desbaratando la red de alianzas que tejió con paciencia durante más de siete décadas. La diplomacia estadunidense, que solía ofrecer garantías inflexibles, ha mostrado vacilaciones evidentes. A casi medio año de iniciada la escalada bélica en el Oriente Medio, el aparato militar estadunidense no ha logrado neutralizar las amenazas de Irán ni detener el bloqueo de los hutíes en el estrecho de Mandeb. Ante una fuerza de disuasión estadunidense claramente erosionada, las potencias regionales han comprendido que el viejo paraguas protector de Washington ya no es suficiente.

Como bien señaló el analista saudí Ali Shihabi a la AFP, “el nuevo pacto muestra que la disuasión estadunidense se ha debilitado significativamente y que la amenaza iraní tendrá que ser gestionada cada vez más por las potencias regionales”. Es una lección de pura supervivencia: cuando el gigante del barrio titubea, los vecinos deben armar su propio vecindario.

Esta alianza entrelaza de manera simbiótica a tres potencias suníes estratégicas. La ecuación es matemáticamente perfecta para sus miembros: la inmensa riqueza petrolera de Arabia Saudita financia el proyecto; la capacidad industrial y la tecnología militar de Turquía le otorgan músculo operativo, y el volumen de soldados junto a la profundidad institucional de Pakistán ofrecen el respaldo operativo necesario. Aunque el tratado incluye una cláusula estilo OTAN —donde un ataque a uno se considera un ataque a todos—, los expertos dudan que Ankara o Islamabad vayan a ir a la guerra con Irán a nombre de Riad. El pacto opera más bien como un seguro de vida político, una señal de contención no sólo para Teherán, sino también un medio para contrarrestar la hegemonía israelí en la región y desmarcarse de las imposiciones de la diplomacia estadunidense.

En este complejo reordenamiento surge una interrogante crucial: ¿implica esta alianza que Arabia Saudita y Turquía queden automáticamente bajo el paraguas atómico de Pakistán, el único país del mundo musulmán con armamento nuclear? Aún no está claro si las garantías defensivas llegan a ese extremo, pero en los pasillos de la alta diplomacia es una posibilidad que nadie se atreve a descartar. La sola sombra de esa cobertura altera el equilibrio estratégico regional.

Para la audiencia mexicana, este episodio no debería verse como un conflicto ajeno. Lo que ocurre en el Mediterráneo oriental, el mar Rojo y el golfo Pérsico demuestra que el orden internacional, conocido como la Pax Americana, está dando paso a un mundo multipolar donde las potencias intermedias toman las riendas de su propio destino. La fragmentación de las alianzas tradicionales impactará en muchas cosas, desde los precios de la energía y las rutas del comercio marítimo hasta los flujos de inversión global. Desde México no podemos darnos el lujo de perder de vista cómo se reconfigura la geopolítica mundial. Entender estas nuevas alianzas es entender la realidad del nuevo siglo que ya nos alcanzó.

BUSCAPIÉS

No sé si Ángel Aguirre mandó destruir evidencia del caso Ayotzinapa, pero es preocupante que la Fiscalía lo acuse de dar esa orden en una reunión en la que no participó (estaba en la Ciudad de México) y que el juez del caso dé por bueno ese señalamiento para vincularlo a proceso y dejarlo en prisión.