Litiomex: Pero ¿qué podría salir mal?

Un día de 1951, Winston Churchill entró en el baño de la Cámara de los Comunes para orinar. Cuando vio que el primer ministro laborista Clement Attlee estaba haciendo lo mismo, buscó el mingitorio más alejado. Al darse cuenta de lo que había pasado, Attlee preguntó ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Un día de 1951, Winston Churchill entró en el baño de la Cámara de los Comunes para orinar. Cuando vio que el primer ministro laborista Clement Attlee estaba haciendo lo mismo, buscó el mingitorio más alejado. Al darse cuenta de lo que había pasado, Attlee preguntó al líder de la oposición:

—¿Te sientes distante hoy, Winston?

—Así es. Cada vez que ves algo grande, quieres nacionalizarlo.

Durante décadas, los políticos en México tuvieron el mismo instinto expropiador que el héroe de la Segunda Guerra Mundial atribuía a sus adversarios. E hicieron creer a los gobernados que poner las cosas en manos del Estado era la forma más sensata y patriótica de proceder.

Así, se nacionalizaron los ferrocarriles, en 1937; la infraestructura petrolera, en 1938 (que no el petróleo, que ya era un bien de la nación desde 1917); la industria eléctrica, en 1960; la red telefónica, en 1972, y la banca, en 1982, entre otras actividades.

Cualquiera que vivió en México en los años 70 y 80, cuando Telmex estuvo bajo control estatal, recuerda la pesadilla que significaba instalar una línea telefónica –llegaron a acumularse millón y medio de solicitudes pendientes– e incluso pagar el recibo, lo cual implicaba hacer largas filas.

Durante los años 80 y 90, el Estado mexicano liquidó, extinguió, fusionó, transfirió o vendió decenas de empresas paraestatales que acumulaban grandes pérdidas por su operación ineficiente y la corrupción. Pese a los beneficios que muchos encontraban –y algunos siguen encontrando– en las estatizaciones, éstas dieron lugar a una pésima administración.

Sin duda, pueden cuestionarse los resultados de varias privatizaciones y la opacidad de los procesos, pero difícilmente las razones que condujeron a que el Estado se desprendiera de esas empresas, que se habían convertido en un lastre para el erario. 

El Estado se quedó con los dos grandes tótem del pensamiento nacionalista revolucionarios: Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad. Ambas empresas se han convertido en barriles sin fondo. En 2020, Pemex perdió casi medio billón de pesos (38% más que el año anterior) y la CFE, casi 79 mil millones (35% más que el año anterior).

Ahora, el presidente Andrés Manuel López Obrador quiere agregar al sector paraestatal una empresa nueva que se encargue de la explotación del litio, que ha calificado como “un recurso de la nación, estratégico, como el petróleo”.

El miércoles pasado, al explicar las razones de su decisión, dijo: “El litio va a ser explotado en beneficio de los mexicanos” y porque “no queremos ser territorio de conflicto entre potencias: ni Rusia ni China ni Estados Unidos; México, nuestra soberanía”.

El Ejecutivo reclamó que la Comisión Federal de Competencia hubiese otorgado una concesión minera a la empresa china Ganfeng Lithium para explotar litio en Sonora, sin especificar que se trataba de ese mineral. “No es como el oro o la plata, no es como el cobre, es otra cosa (…) el litio es especial”.

De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, México es el noveno país con reservas de litio, con 1.7 millones de toneladas. Se le considera un mineral fundamental para la transición energética global, en particular en lo que se refiere a su utilización en la industria de baterías para vehículos eléctricos. La Agencia Internacional de Energía estima que la demanda aumentará 42 veces para 2040.

No cabe duda que el país requiere una política de aprovechamiento del litio, pero pensar que eso se va a lograr con una empresa estatal es olvidar la larga historia de ineficiencia y corrupción que ha acompañado las nacionalizaciones.

BUSCAPIÉS

*Hace más de 40 años asistí al desaparecido Parque del Seguro Social para ver cómo el pelotero veracruzano Natanael Alvarado se convirtió en el primero de la Liga Mexicana de Beisbol en jugar las nueve posiciones en un mismo partido, una por entrada. Eso me vino a la memoria en relación con el presidente López Obrador, quien, en la consulta de revocación, quiere ser promotor, vocero, intérprete y sujeto del ejercicio.

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