Argumento ad hominem

Es una antigua salvaguardia de aquellos que no tienen el criterio para generar ideas propias

Se tiende a poner palabras

                ahí donde faltan las ideas.

                Goethe

El argumento es el razonamiento para probar o demostrar una proposición o para convencer de lo que se afirma o se niega.

El argumento ad hominem es aquel que se funda en las opiniones o actos de la misma persona a quien se dirige, para combatirla o tratar de convencerla.

El argumento ad hominem es una antigua salvaguardia  de aquellos que no tienen el criterio suficiente para generar ideas propias que le permitan sostener su defensa, por eso le recuerdan al otro lo que alguna vez dijo y se protegen detrás de sus palabras, pensando, quizá, que si lo negase sería como negarse a él mismo y rebatirlo… rebatirse; confiando en que el otro ceda al escuchar sus propios argumentos o bien, que su ego no le permita retirar sus palabras a fin de no sentir amenazada su credibilidad.

El argumento ad hominem es una bajeza, pero quienes lo practican no lo ven, por el contrario, sienten y razonan el haber encontrado una respuesta irrebatible… pero se olvidan… se olvidan que hace falta valorar la circunstancia, el tiempo y el fundamento que generó en su momento aquel argumento, se olvidan también del derecho inalienable que todos tenemos de cambiar de opinión, se olvidan —y quizá más que olvidar ni siquiera sepan— las ideas, los razonamientos, los sentimientos y los principios o prioridades que generaron ese argumento… y, sobre todo, se olvidan de que ese argumento no es un genuino argumento de defensa cuando se utiliza como contraataque.

Pero lo hacen, lo hacen sin miramientos, guiándose únicamente por sus pasiones, dejando al descubierto su temperamento visceral y su debilidad de carácter… y, peor aún… su reducida inteligencia y sus deficiencias emocionales.

Y así son… y así viven, a golpe de memoria, pero la memoria no siempre recuerda la realidad de forma fidedigna, sino más bien el resquicio de lo que ese argumento, en aquel momento específico, pudo generar en sus emociones.

La memoria no guarda la realidad sino las conclusiones personales de cada experiencia en esa realidad.

Craso error es entonces defenderse a partir de las ideas del otro considerando que tienen una validez infalible… porque la única verdad es que no saben la base de lo que hiló aquel pensamiento, y puede ser como ocurre tantas veces, que no comprenden ni siquiera lo que ese argumento significa para el otro o si tiene o no un peso importante en su vida… y muchas veces no lo tiene o lo tuvo y ya no aplica.

Por eso, si usted es de los que utilizan esta técnica, le invito a desecharla, ya que probablemente no pueda salvar la situación y quede en evidencia.

Y si usted es de los que debe atender dichas defensas, le invito a que le permita al otro explicarse sobre el argumento que en algún momento utilizó usted y preguntarle por qué considera que es aplicable al nuevo contexto.

Cada cual es libre de argumentar lo que desee, pero no debería de ser válido un discurso replicante que se sustente únicamente en este tipo de argumentos.

La inteligencia se refleja en la capacidad que tenemos de resolver nuestra vida a partir de nuestras propias reflexiones, los argumentos ad hominem pueden servir de contexto, de marco, de introducción o de cierre, pero nunca como argumento central, de hacerlo, inevitablemente habrá que concluir que ése que se lamenta actúa a traición y quien lo hace así es de esperarse que prosiga en su hazaña… y que no tenga nunca nada interesante que aportarle… más que esos replicantes argumentos ad hominem

Como siempre, usted elige.

¡Felices argumentos, felices reflexiones!

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