Esclavitud voluntaria
La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo. Séneca Nunca como antes habíamos sido más libres y, a la vez, a pesar de lo antagónico que parezca... más esclavos. Libres para elegir cómo queremos vivir y, en ocasiones, esclavos de algunas de ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.
Séneca
Nunca como antes habíamos sido más libres y, a la vez, a pesar de lo antagónico que parezca... más esclavos. Libres para elegir cómo queremos vivir y, en ocasiones, esclavos de algunas de nuestras propias elecciones...
La esclavitud es la sujeción rigurosa y fuerte a las pasiones y afectos del alma. Es también la sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación. En cualquiera de los dos casos uno elige, elige someter su libertad a algo o alguien que cree superior.
La esclavitud voluntaria es la libre elección de someternos a ese algo o alguien que sentimos superiores a nosotros mismos. Y créame, nunca nadie puede ser superior a uno mismo... una vez que se conoce y reconoce el poder de su libertad y también reconoce el grave error de otorgarle poder a sus esclavitudes.
Porque puede más la esclavitud que nos generan nuestros propios pensamientos que cualquier otra esclavitud. Ésa es la peor de todas, el peor de los sometimientos: sujetarse y someterse a esas ideas que nos empeñamos en creer que son realidad y sin embargo no existen, y pasa, pasa con demasiada frecuencia que nos aferramos a esas ideas que queremos creer y que no tienen ninguna posibilidad de... materializarse.
Difícil por donde se mire porque uno mismo se complica la vida por voluntad al permitir que sus propios pensamientos e ideas le sometan... sometan su ilusión, su pasión, su claridad mental, su razón y cada una de sus emociones. Y es que hay personas que no han comprendido aún que hay ideas y pensamientos que nos arrastran y afectan al no ver la realidad de ese algo que los enamora, sino la idea que se han hecho de ese algo, sin ningún fundamento más allá de la propia ilusión y de la propia necesidad de creer que algo es lo que... no es.
Confunden todo... las ideas con las personas y con las cosas, y también confunden la realidad y a sí mismos. Y en esa ciega insistencia se acorralan y se esclavizan ante sí mismos y su necedad. Y en consecuencia viven presos de sí mismos, de sus ideas irreales y de sus pensamientos monótonos y repetitivos. Finalmente se convierten en esclavos por su propia voluntad.
Por eso hoy le invito a evaluar cada uno de sus pensamientos y sus ideas y ponerlos a prueba. Asegúrese que ninguno de ellos cuente con la incapacidad de realizarse o concretarse porque de ser así estará cediendo su libertad y esclavizándose a lo imposible.
Mejor elija siempre la libertad que la esclavitud, no se someta a nada ni a nadie y menos a la emboscada que pueda causarle un pensamiento o una idea fallida sobre sí mismo, sobre algo o alguien. Créame, no existe nada más valioso que saberse dueño de sí. No permita que su pensamiento errado controle sus días, el ánimo con el que se conduce, el estado en el que se encuentra.
Todos deberíamos saber cuáles ideas nos hacen daño y nos limitan, todos deberíamos estar preparados para detener esos impulsos que nos llevan a pensar que no somos suficientemente capaces de alcanzar cada uno de nuestros deseos o nuestras metas, todos deberíamos ser capaces de controlar nuestro propio pensamiento, sentimiento, razón y emoción. Nadie lo hará por nosotros, finalmente somos los únicos y directos responsables de las afecciones que nos causamos.
No se equivoque, nadie tiene el poder de esclavizarle tanto como usted lo hace consigo mismo, por más necesidad que uno tenga o por más poder que crea que otro pueda llegar a tener, nada se compara con el sentido de gravedad y urgencia con la que uno se altera voluntariamente. Usted los ha visto y yo también... cuadros de ansiedad y temor por llamadas perdidas, por mensajes no contestados a la inmediatez, sumisiones ante celos improcedentes, gritos impermisibles, reclamos inusitados... guerras absolutas de poder y de control que uno permite voluntariamente, tontamente... deliberadamente.
Nadie puede ni tiene el derecho a someterle. No hay ninguna necesidad, de la naturaleza que sea, que requiera de usted ningún tipo de sujeción obligada. Siempre es uno el que se somete voluntariamente en su incapacidad de abrir su pensamiento y valorar el poder que tiene sobre sí mismo. Nadie tiene más poder que usted, a menos que usted se lo otorgue. No se confunda: si no sabe valorar su libertad será presa fácil para la esclavitud y... no lo dude, siempre existirá alguien que con toda la soberbia decida tomarle como rehén. Incluso hasta uno mismo lo hace si permite que sus propias inseguridades le dominen.
La libertad es también un estilo de vida, la libertad comienza en uno mismo todos los días al elegir sus pensamientos, al concretar sus ideas, al elegir las emociones adecuadas que le permitan avanzar, al elegir dirigir los estados de ánimo y, sobre todo, al elegir ser quien es y quien desea llegar a ser sin que nada ni nadie le detenga.
Todos tenemos el poder absoluto de elegir en libertad lo que mejor nos convenga, si renuncia a esa libertad ésa también es su elección... y si se esclaviza deberá reconocer que si hay algo característico en todo esclavo, es ese profundo deseo de ser libre... de probar la libertad. Deje de encadenarse, de vivir a media luz, de cargar esas cadenas y de mirar la vida a través de esa celda en la que sólo usted se ha metido y de la que es su propio celador.
Elija la libertad y habrá elegido con ella una nueva vida. Elija el pensamiento adecuado, las ideas adecuadas y habrá elegido también... una nueva vida, como siempre usted elige...
¡Felices libertades!