Resulta una maravilla ser testigo de los proyectos de éxito que se generan en mi país y de los cuales, por circunstancias de la vida, he conocido desde muy adentro, y eso me lleva a tenerles, además de una gran admiración, una gran satisfacción, pues los considero queridos amigos y, en mi caso, el éxito de los entrañables me genera una inmensa alegría.
Por coincidencias de la vida o quizás utilizando una palabra que expresa mucho mi admirado amigo, por diocidencias del destino, tuve el gusto de entablar, hace más de 20 años, una cercana y muy divertida amistad con el querido Alejandro Irarragorri Gutiérrez, el gran empresario de la actualidad, al que conocí cuando aún no detonaba su gran capacidad para generar negocios de éxito. Al paso de los años, y con su incansable e inquieta inteligencia para desarrollar nuevos negocios, se ha convertido en una máquina generadora de nuevos emprendimientos, fuentes de empleo, pero, sobre todo, un apasionado motor para generar nuevas empresas, con una visión social de gran calado.
A diferencia de aquellos a los que el éxito ajeno les genera envidia, críticas y repudio, en mi caso, lo reitero, me genera una gran admiración, pues ser testigo de que ideas que en un principio pudieran sonar imposibles o descabelladas, y que al paso del tiempo se concretan en realidades de éxito robusto, se torna en una gran alegría.
Recuerdo cuando en una ronda de golf en el club de golf Los Encinos, con su acostumbrada elocuencia, Alejandro me platicaba de su idea de construir un gran estadio de futbol para los Santos, un centro de alto rendimiento para las fuerzas básicas, así como una serie de gimnasios y espacios para formar a los talentos del futuro. Después de dos décadas, la realidad ha superado a aquellos proyectos con los que soñaba el gran Gorri.
Los campeonatos logrados por los Santos, por el Atlas, la gran cantidad de jugadores que se han formado en esas canteras, el crecimiento de Grupo Orlegi hacia Europa y otros países del Viejo Continente, así como al vecino país del norte, no sólo en el futbol, es de quitarse el sombrero. Y todo comenzó hace un par de décadas con los sueños de hacer algo importante. Atesoro tu cariño, tal como lo pudimos constatar el pasado viernes, en el que, nuevamente, compartimos una gran ronda de golf en Torreón, pues, a pesar de que la vida, la dinámica y la cotidianeidad, en ocasiones nos pongan muchos kilómetros de por medio, el cariño y la admiración están intactos.
Un gran abrazo, querido Alejandro, por los primeros 20 años de Orlegi, una empresa mexicana de orgullo para todos.
Mientras los perros ladren, Sancho, señal de que cabalgamos…
