Texas, el jinete de la cruzada antimigrantes
Por Verónica Mondragón El republicano Donald Trump dejó la Casa Blanca en 2021, pero sembró en los estados un sentimiento antimigrantes que fue creciendo sin control, como en Texas. Con eso, el próximo presidente tomará un segundo mandato en el cual tendrá su ...
Por Verónica Mondragón
El republicano Donald Trump dejó la Casa Blanca en 2021, pero sembró en los estados un sentimiento antimigrantes que fue creciendo sin control, como en Texas. Con eso, el próximo presidente tomará un segundo mandato en el cual tendrá su principal jinete en la cruzada contra los extranjeros.
En este estado fronterizo, año con año el gobierno que encabeza Greg Abbott ha buscado una u otra estrategia para reforzar las vallas y para convertir el río Bravo en una trampa mortal.
Abbott colocó más boyas con alambre de púas para inhibir las llegadas de migrantes que buscan ingresar desde nuestro país por esa vía para hacer más peligroso su muro flotante. Al menos dos personas han muerto a causa de las heridas que dejaron estas esferas de 1.2 metros de diámetro, color naranja y forradas con navajas.
Incluso el gobierno local ofreció un rancho que funcione como centro de detención para solicitantes de asilo.
En uno de los momentos más extremos de su administración, el gobernante desplegó agentes montados a caballo para frenar a los ciudadanos que buscaban llegar a suelo norteamericano, y estaban varados en un puente que conecta Del Río con Ciudad Acuña, del lado mexicano. De hecho, una imagen de la agencia AFP captó el momento en el que el policía jala de la camiseta a un migrante, quien carga unas bolsas de plástico con trastes de unicel, posiblemente con comida.
El gobierno de Abbott ha bloqueado por todas las vías frenar el derecho a la migración, al grado de ordenar la instalación de barrotes en el drenaje para evitar que alguna persona ingrese por ahí a su estado.
Todas estas acciones forman parte de la llamada Operación Estrella Solitaria, que lanzó el gobernador pocos meses después de que Trump terminó su primer mandato, con el principal sello de desplegar a la Guardia Nacional Texana para labores en la frontera.
Frente a este escenario, en los últimos cuatro años el gobierno federal del presidente Joe Biden emprendió acciones respecto a estas medidas.
Incluso, demandó a la entidad por el muro flotante y ordenó retirarlo. Sin embargo, el estado ignoró ese fallo.
De hecho, más estados fueron endureciendo sus políticas contra migrantes, con Texas como punta de lanza en la discriminación hacia el extranjero.
En su primer mandato, Trump implementó medidas altamente restrictivas, como el Título 42, que, con el pretexto de la pandemia, ordenaba frenar los cruces fronterizos y Quédate en México, que obligada a solicitantes de asilo esperar en nuestro país la respuesta a sus trámites.
Esas decisiones fueron la realización de las promesas de campaña del republicano, que amenazaba con obligar a nuestro país a pagar por el muro fronterizo, su promesa estrella de la campaña de 2016.
Y el republicano dejó la Casa Blanca, pero el panorama no fue mucho más favorable con los demócratas al mando, pues, por decreto, Biden ordenó cerrar las solicitudes de asilo cuando superaran las dos mil 500.
De hecho, esta dura medida fue parte de sus logros en la fallida campaña de los comicios presidenciales de noviembre.
Estas decisiones dejaron ver que en este año electoral, tanto republicanos como demócratas endurecieron sus medidas migratorias para captar votos.
Para este segundo mandato, Trump subió de tono sus amenazas y comenzó a amenazar con deportar a familias completas, a quitar la nacionalidad a hijos de indocumentados e incluso a ingresar a las cárceles para sacar a extranjeros para deportarlos.
A seis semanas de que inicie un mandato y con la opción de una postura más radical, el miedo ya impera en la frontera, como ha reportado mi colega Manuel Ocaño en la sección Global de Excélsior.
Las personas temen por sus hijos y por el futuro de sus familias, porque pensaban que morirían en suelo estadunidense y quizá ya no será así. Tienen ansiedad porque quizá no verán crecer a sus nietos, que son ciudadanos. O que los obliguen a volver a México y romper con las raíces que han construido allá.
Cada día, los medios reportan que las personas tienen miedo, una sensación que pasa por Texas, pero se extiende a toda la frontera para ir abarcando todo el territorio estadunidense con el aval de gobiernos locales.
“El mensaje que más repiten es que mejor nos vayamos”, dijo Dafne, una originaria de Michoacán.
