T-MEC: desafíos en una era posneoliberal

Por Ricardo Peraza Lo que aquí se narra no es un futuro imaginario, sino una reflexión basada en hechos reales y tendencias actuales. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá TMEC enfrenta tensiones que, aunque no han llevado a su colapso, sí plantean ...

Por Ricardo Peraza

Lo que aquí se narra no es un futuro imaginario, sino una reflexión basada en hechos reales y tendencias actuales. El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) enfrenta tensiones que, aunque no han llevado a su colapso, sí plantean escenarios que podrían redefinir las relaciones económicas y políticas en América del Norte. La reelección de Donald Trump y su enfoque proteccionista han reavivado discusiones sobre la vigencia y el equilibrio del acuerdo, generando incertidumbre en una región profundamente interdependiente.

El T-MEC, que entró en vigor en 2020 como una modernización del TLCAN, ha sido clave para integrar las economías de los tres países. Más del 80% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos y Canadá, mientras que el comercio total entre los tres supera los 1.2 billones de dólares anuales. Sin embargo, la retórica de Trump, que cuestiona la “equidad” del tratado y promueve la autosuficiencia económica, ha sembrado dudas sobre el futuro de esta colaboración.

Durante su primer mandato, Trump renegoció el TLCAN calificándolo como el “peor tratado de la historia”. Aunque el T-MEC fue presentado como una victoria, las tensiones no desaparecieron. Ahora, en su segundo mandato, Trump ha retomado un discurso más radical, sugiriendo medidas como la eliminación de las cadenas de suministro integradas e insinuando, en un giro controvertido, que México y Canadá podrían convertirse en los estados 51 y 52 de la Unión Americana.

Aunque esta última idea parece imposible, refleja una realidad inquietante: el proteccionismo y las políticas unilaterales de Estados Unidos podrían fracturar la cooperación regional. Ejemplo de ello es la insistencia de la administración Trump en imponer restricciones más severas en sectores clave como el automotriz y el energético. Esto ha generado fricciones con México y Canadá, acusando a Estados Unidos de incumplir disposiciones del tratado relacionadas con reglas de origen y comercio justo.

El cambio climático complica aún más el panorama. Sequías en el Bajío mexicano y el medio oeste estadunidense, incendios forestales en Canadá y tormentas más intensas han dejado pérdidas económicas multimillonarias. Sin un marco regional efectivo para coordinar respuestas, estos costos se amplifican. Trump, con su historial de escepticismo hacia políticas ambientales, ha mostrado poco interés en fortalecer la cooperación climática, dejando a los tres países vulnerables a crisis recurrentes.

En este contexto, el posneoliberalismo, que critica la primacía del mercado como regulador, ofrece una lente útil para entender las tensiones actuales. Esta corriente, que busca equilibrar soberanía, sostenibilidad y justicia social, ha ganado tracción en América Latina y otras regiones. Sin embargo, bajo el liderazgo de Trump, el posneoliberalismo ha adoptado un giro proteccionista que podría socavar los beneficios de la integración económica.

Un ejemplo tangible de esta tendencia es la presión de Estados Unidos para revisar nuevamente las condiciones del T-MEC en la evaluación programada para 2026. México y Canadá enfrentan crecientes desafíos internos para mantener la estabilidad en medio de esta incertidumbre. México, por ejemplo, depende de las exportaciones automotrices y agrícolas a Estados Unidos, sectores que representan más del 30% de su PIB. Restricciones adicionales podrían desencadenar una recesión económica y aumentar el desempleo, particularmente en las regiones del norte. Canadá, por su parte, enfrenta tensiones en su sector energético. La insistencia de Estados Unidos en privilegiar la producción doméstica de hidrocarburos amenaza las exportaciones canadienses, que generan miles de millones de dólares en ingresos anuales. La falta de un marco común para abordar el cambio climático también dificulta las inversiones en energías renovables y aumenta la dependencia de combustibles fósiles.

La historia ofrece lecciones contundentes. En la década de 1930, durante la Gran Depresión, Estados Unidos promulgó el Smoot-Hawley Tariff Act, una medida proteccionista que aumentó significativamente los aranceles sobre las importaciones. En lugar de proteger la economía estadunidense, esta política provocó represalias comerciales globales y contribuyó al colapso del comercio mundial, exacerbando las tensiones que llevaron a la Segunda Guerra Mundial. Las políticas proteccionistas actuales en América del Norte corren el riesgo de repetir estos errores históricos, fragmentando la cooperación regional y debilitando a los tres países frente a un mundo cada vez más competitivo.

El T-MEC parece estar lejos de colapsar, pero las tensiones son reales y tienen consecuencias. En un mundo interdependiente, abandonar la cooperación en favor de medidas unilaterales puede tener efectos devastadores. América del Norte necesita un liderazgo que no sólo aborde las desigualdades económicas, sino que también fomente una visión compartida para prosperar frente a los desafíos globales.

Si el T-MEC logra sobrevivir a las presiones actuales, dependerá de la capacidad de los líderes para adaptar el tratado a las necesidades del siglo XXI, fortaleciendo sus marcos ambiental, laboral y comercial. Si no, América del Norte corre el riesgo de perder no sólo un tratado comercial, sino también su posición como una de las regiones más dinámicas y competitivas del mundo. Como muestra la historia, el proteccionismo no es la respuesta y repetir estos errores podría costar décadas de progreso económico y social.

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