La envidia de lo que nos hace bien o normalizar el resentimiento
La normalización del resentimiento es muy muy diferente a la validación de un enojo justopor una sociedad que sufre de desigualdad, pero que, sobre todo, por décadas ha sufridodel abuso del poder de gobernantes y del crimen organizado. Para entender esta diferencia,es necesario aclarar tres puntos.
Por Ingela Camba Ludlow
Normalizar el silencio es tan dañino como normalizar el resentimiento. Un tema que es necesario poner en la mesa, si bien es difícil, también es urgente. En tiempos extremos cada uno tiene la responsabilidad de identificar lo que sucede desde nuestro contexto social o laboral e intentar articularlo es cuando menos nuestro deber.
La normalización del resentimiento es muy muy diferente a la validación de un enojo justo por una sociedad que sufre de desigualdad, pero que, sobre todo, por décadas ha sufrido del abuso del poder de gobernantes y del crimen organizado.
Para entender esta diferencia, es necesario aclarar tres puntos:
1. Reconocer un mundo desigual en oportunidades, derechos y, sobre todo, en impartición de justicia y el enojo e impotencia de la población. Es indispensable señalar una y otra vez la gravedad de la situación de nuestro país (también es un problema que afecta a otras regiones del mundo) para no padecer de ceguera o indiferencia. Oxfam señala que México se encuentra entre el 25% de los países con mayor desigualdad en el mundo. Es evidente que grupos de poder económico, que no es lo mismo que los empresarios, buscan mantener privilegios a costa de otros. México tiene un problema grave y real de desigualdad. Y Oxfam nuevamente ha identificado cinco elementos centrales en los que resulta indispensable incidir para combatir la desigualdad: la corrupción y transparencia, la política social, el gasto en bienes públicos, la política laboral y el sistema tributario de México. El hecho de que México tenga varias décadas en un caos en las áreas anteriormente mencionadas permite entender el enojo y muchos casos de desesperación de la ciudadanía ante la situación.
2. ¿Qué es el resentimiento y de qué manera se está manifestando en esta sociedad? María Moliner nos dice que el resentimiento es un sentimiento penoso y contenido del que se cree maltratado, acompañado de enemistad u hostilidad hacia los que cree culpables del mal trato. No es lo mismo un reclamo social que un reclamo de clases. El caso de un profesor en una universidad pública de tez blanca que, gracias a las becas del Conacyt, pudo estudiar en el extranjero y que una de sus alumnas le reclama que desde dónde cree que le viene a enseñar con sus privilegios de blanco estudiando en el extranjero. Cuando dos personas discuten diferencias y uno descalifica al otro diciendo que no puede hablar desde el privilegio de su cultura. En el reclamo de justicia se expresa lo que se quiere, en el resentimiento se expresa el enojo de lo que tiene el otro (eso no quiere decir que sea lo que se quiera). El resentimiento es complejo, y en realidad es raro encontrar a alguien que se declare resentido, disfrazado de un reclamo con causa se trata más bien de encontrar a un grupo de personas privilegiadas en lugar de buscar culpables. Es más fácil señalar al “privilegiado” que tratar de analizar y combatir un sistema que reproduce desigualdades.
3. ¿Qué hay detrás del resentimiento y de su normalización?. Al observar el fenómeno social, Sergio Negrete Cárdenas escribe en Arena Pública: “El afán de justicia; ésa que tantas personas buscan que algo sea justo. Es la fuente, el origen, de buscar aplastar a los mejores, limitar la acumulación de riqueza, quitar a unos para entregar a otros”. Quizá entonces es momento de detenernos un poco y de revisar modelos de la mente que puedan explicarlo. El principal será el modelo de la envidia de Melanie Klein, que consiste en el deseo de poseer lo bueno o deseable que otra persona es o tiene para destruirlo. Lo más intrigante de este mecanismo es que no importa si eso que se destruye beneficiaba al sujeto. Es como dispararse en el propio pie. Así, se toman decisiones por una emoción inconsciente que gobierna la mente.
Se cree, entonces, que se trabaja por ideales o valores, pero si no se analiza la propia emoción se puede gobernar desde el encono, delirios de grandeza o ignorancia. El (sico)análisis es una asignatura que ninguno debería pasar por alto; en particular las personas en puestos de poder y, sobre todo, las encargadas de funciones públicas y de dirigir a los países… Porque, en una de ésas, quizá la que gobierna no es una ideología sino la envidia síquica.
