El Presidente y la historia

• En materia de historia, “ningún periodo tiene la última palabra. Ningún periodo es definitivo.

Por Armando Ríos Ruiz

La historia lo apasiona, ha dicho.

Por eso, cada vez que hay oportunidad, suelta una cita histórica, sólo que pocas veces atinada. Hay quien observa que si eso es lo que le apasiona, ¿qué puede esperar el pueblo que gobierna, con las asignaturas que le fue terriblemente difícil superar en la universidad, como economía, economía política, ciencia política y estadística y las cuales resulta vital que un mandatario conozca con suficiencia? ¿Que también repruebe?

El Presidente acaba de regresar del estado de Guerrero, en donde los maestros de primaria enseñan a los niños que en Chilpancingo se celebró el Congreso de Anáhuac, el 13 de septiembre de 1813, con postulados que José María Morelos, cura de Carácuaro, comenzó a redactar en Tecpan, en la Costa Grande, y acabó de confeccionar en la hoy capital.

En palabras de nuestro mandatario, el arriero que apenas sabía leer, Vicente Guerrero, nacido en Tixtla, dictó el contenido de lo que se denominó Sentimientos de la Nación, al culto licenciado, político y poeta, don Andrés Quintana Roo, quien figuró como presidente de la Asamblea Constituyente.

En citas históricas anteriores casó a Carmen Romero Rubio, antes de haber nacido, con su héroe predilecto, Benito Juárez. Ella vio la luz escasamente ocho años antes de morir el indio de San Pablo Guelatao. Fue esposa de un presidente, efectivamente, pero de Porfirio Díaz.

Concibió la fundación de nuestro país hace más de 10 mil años, cuando “todavía pastaban los búfalos en lo que hoy es Nueva York y ya en México había universidades y había imprenta”. Tal vez en una de esas escuelas estudió el hombre de Tepexpan, quien después fundó un periódico y hasta fue chayotero.

Convirtió en heredera a la prensa fifí moderna, que hoy lo critica, de la “misma prensa conservadora y servil que derribó al gobierno de Francisco I. Madero en 1913”. La historia dice que el factor que más influyó en la decisión de Estados Unidos, de eliminar al presidente mexicano, con mediación de su embajador Henry Lane Wilson, fue la imposición de 20 centavos de impuesto al barril de petróleo.

A Napoleón se atribuye la frase: “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Pero el Presidente desearía repetirla en el papel de protagonista principal, porque añora el pasado. Inclusive los momentos de mayor corrupción. No para imponer correcciones, sino para exonerar a sus colaboradores, como ahora. No condenaría los males. Él sería su autor.

Hoy ya no están ni los buenos ni los malos. En política, los males se trasmiten y los resuelve otro, porque quien los creó ya se fue. No puede ser eterno en el cargo. Si así fuera, no habría herencia. Ejemplo: Venezuela. Cuando llegue el momento, el que sigue tendrá que aplicar soluciones, no quejarse del pasado.

Pero en materia de historia, “ningún periodo tiene la última palabra. Ningún periodo es definitivo. No existe la victoria final. Lo que hoy triunfa, puede caer mañana, pero volverá a renacer más tarde bajo otro signo…” dice Nietzsche en su teoría del eterno retorno.

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