Los placeres cotidianos
El rector de la UNAM se quedó con muy pocas nueces para tanto ruido sobre el plagio a la tesis
CHORO MAREADOR
Lamentablemente, al menos para mí, coincido muy pocas veces con las apreciaciones de Andrés Manuel López Obrador, generalmente nuestras visiones de las cosas, de la vida, la economía, los principios y la política suelen estar en las antípodas. Yo aspiro a un México distinto al que él dice que quiere encaminarse, bueno, ya con el hecho de aspirar a algo ya no soy parte de su equipo. Cuando él piensa en rojo, yo pienso en rosa o en azul celeste. Pero este lunes, además de reírme, coincidí totalmente con su apreciación.
Trataré de ponerles en contexto. El pasado viernes, la anunciada comparecencia del rector de la UNAM, don Enrique Graue Wiechers, se quedó en muy pocas nueces para tanto ruido, con una cobardía de esperpento, y con un rollo bananero y sin sustancia, simplemente no dijo nada.
Que siempre sí, que parece que sí es plagio lo de Yasmín, pero al final, que quién sabe, qué… pero que a ellos no les toca hacer nada y así durante un montón de minutos.
No esperó mucho el Presidente, el mismo lunes, visiblemente contento por el miedo que sabe que causa, se fue al abismo de la cultura popular y exclamó en la mañanera: “Como diría el filósofo: mucho choro mareador” y, esta vez, el Presidente, tiene razón. Toda.
El domingo me fui al cine con la Unagi, me encanta esa afición que compartimos porque no coincidimos siempre en los gustos, yo soy mucho más “mamila” y de cine de arte y ella, aunque disfruta mucho algunas de esas películas, en otras, como en Roma, o por llevarme la contraria o por generar controversia se pone de los nervios y dice que le parecen un bodrio.
Este año, mientras yo me emocioné en Bardo, a ella le pareció mediocre, coincidimos en la maravilla de Sin novedad en el frente, y volvimos al desacuerdo esta semana con Babylon.
En mi opinión hay dos partes muy diversas para analizar, la primera hora de la cinta, donde al más puro estilo de Damien Chazelle, la película se debate entre el estrambótico Hollywood de los años veinte, con excesos en todo y cargado de humor escatólogico y donde la sátira se pierde en el propio exceso para quedar convertida a una pantomima, más allá de la fotografía y la música o la hermosura de Margot
Robbie; con un Brad Pitt actuando prácticamente de sí mismo y un Diego Calva muy bien puesto en su papel. El desarrollo lleva la película del intento de homenaje al cine y su historia a la crítica dura y satírica. Luego viene la segunda mitad, donde las cosas dan un giro para bien y, la llegada del cine sonoro coincide con unas cuantas escenas muy bien cuidadas y con la verdadera narración de una historia congruente y creíble por la lógica falta de adaptación de los actores y actrices. Muestra la decadencia con una crueldad bien aceitada y, cuando estaba su servidor dispuesto a considerarla una buena pieza, me la tiran a la basura con la humillación del personaje mexicano que tanto le había aportado a mi opinión favorable.
Chazelle se atreve a mostrar a Calva desde la absurda galopada al estilo Revolución Mexicana azuzando a extras hambrientos, hasta llegar a un contraste durísimo con unas imágenes extraordinarias que muestran los más bajos fondos de un Los Ángeles decadente y sórdido. Véanla, no me hagan caso.
Ya están las nominaciones, como siempre, no faltas de polémica, sin una información completa porque no las he visto todas, en principio me entusiasma Cate Blanchett en Tár para mejor actriz y Sin novedad en el frente para mejor película. Obvio, Pinocho la mejor de las de animación. Es miércoles y no es mala idea ir al cine, aunque tu acompañante se chute las palomitas con cuatro sabores distintos y se atiborre de chiles y picantes. Yo ya tengo una edad y me conformo con un tequila y unos cacahuates confitados. Ojalá ya no nos toquen más choros mareadores.
