Como la vida misma

El autobús de Marruecos se cerró y logró que las estrellas españolas se vieran como ositos asustados

¡Tengo un primo marroquí!

Ayer no fue un buen día en Qatar. Empecé la mañana con un pescuezo de borrego de una barbacoa y un consomé que me trajo mi niña Imelda de su pueblo; a falta de café de olla, le metí un exprés doble cortado con tequila, era algo pronto, pero la grasita del cordero no baja si no se enfrenta a un destilado o a una chela y, sin saber muy bien por qué, para la cerveza se me hizo temprano. El autobús de Marruecos se cerró y logró que las estrellas españolas, esos críos semiadolescentes, se vieran como ositos asustados, frustrados y desesperados. Casi se me corta la digestión, sólo al pensar que el cordero es plato fuerte de Marruecos, se me iba y se me regresaba el sentido. Para acabar de jorobar la situación, estos niños no embarazan a sus novias o al menos no hay riesgo de que se tengan que casar por un penalti, ay, mis españolitos, qué mal jugaron ayer. Yo que soy de espíritu suicida y que pretendo todavía descubrir el hilo negro a esta edad, invité a mis amigos marroquíes a cruzar una apuesta, Ahmed y su esposa Fátima se apersonaron en mi casa para cobrar los pinchis mil pesos un minuto antes del disparo fallido de Busquets.

Ya para mediodía, yo que soy proluso a niveles de fanatismo, loco por el fado, apasionado del bacalao, del porto y de las sardinas, que me zumbo un viño verde y no me hacen nada las agruras, tengo un problema para apoyar a Portugal, no soporto a Cristiano Ronaldo. Me imagino lo que sentirá el Presidente cuando le muestran videos de la marcha en favor del INE. Así me puse yo cuando vi el 6-1 que le metieron a los suizos. Vale decir que los helvéticos son aburridos hasta el cansancio.

Se acabó el Mundial, casi me llora la Unagi, sin México y sin España por quién voy a gritar yo –Tranquila, nena, nos queda Messi, Neymar, Inglaterra o Croacia, estoy seguro de que, con la sal que me cargo, estoy haciendo campeón a Francia.

Mientras los mexicanos nos amontonamos en el Periférico con un atasco de bandera, o discutimos el papel necio y descabellado del entrenador español, mandaron a la Cámara el fatídico plan B para la reforma electoral. Mira que el Teletón es terco, según sus propios anuncios, pero don Andrés no canta mal esas calmaditas. No se puede ser más insistente, cuando se le mete algo entre los ojos, y como en los últimos 20 años le vale un cacahuate la ley, le importa un carajo México y los mexicanos y se pone en la posición de que sólo sus chicharrones truenen. Alguien tiene que parar esa estulticia. El INE no se toca, se lo dijimos por activa y por pasiva más de un millón de mexicanos.

A doña Claudia le avisan que su gente hace trampa con las campañas anticipadas y la señora se molesta, me parece un eufemismo que sea “su gente” la tramposa y que ella no esté o no se dé por enterada.

Tengo un primo marroquí, valga aquí la acepción que de primo tienen, precisamente los españoles, que usan el vocablo, además de para señalar al hijo de un tío, también para definir que alguien es burro, inocente, crédulo o gilipollas. Pues ése es Ahmed, que me apostó los mil pesos que me había ganado bien, contra dos mil si Marruecos sale campeón. Le pude haber jugado cien mil, pero ni los tengo disponibles yo, ni él. El asunto está en que, a partir de ahora, cada vez que juegue Marruecos tengo una oportunidad de recuperar mi dinero. Si así me ganara la vida. De ahí que ya lo haya subido al más cercano nivel de familia y el bueno de Ahmed sea ya, mi primo de Casablanca.

Ya que se acabe el Mundial, que empiecen las posadas y que me sirvan una copa. Al igual que mi Unagi, sin México y sin España en la contienda, ya la verdad me vale un poco quién la gane. Porque, sinceramente, lo de Messi lo veo en francés. Feliz miércoles.

Temas: