Como la vida misma

TODOS LLEVAMOS UN VIEJO ENCIMACuando estoy de vacaciones, dedico más tiempo a escuchar música o, al menos, estoy más atento a las letras y me doy el lujo de disfrutarlas y analizarlas de nuevo. Ayer, quiso la casualidad que mi playlist de Serrat me pusiese a pensar ...

 TODOS LLEVAMOS UN VIEJO ENCIMA

Cuando estoy de vacaciones, dedico más tiempo a escuchar música o, al menos, estoy más atento a las letras y me doy el lujo de disfrutarlas y analizarlas de nuevo. Ayer, quiso la casualidad que mi playlist de Serrat me pusiese a pensar en mis viejos, no sólo en mis padres, ya idos, sino también en los muchos amigos y familiares que se mueven en lo que se debería llamar la edad de oro. La canción Llegar a viejo es más que un homenaje a los ancianos, es una llamada de atención a la sociedad en la que vivimos y la poca atención que le dedicamos a nuestros mayores; sin miedo a resultarles pesado, les comparto aquí la letra al completo. Es una joya.

“Si se llevasen el miedo y nos dejasen lo bailado, para en­frentar el presente/ Si se llegase entrenado y con ánimos su­ficientes/ Y después de darlo todo, en justa correspondencia, todo estuviese pagado y el carné de jubilado abriese todas las puertas/ Quizá, llegar a viejo sería más llevadero, más con­fortable, más duradero/ Si el ayer no se olvidase tan aprisa, si tuviesen más cuidado en dónde pisan, si se viviese entre amigos que, al menos, de vez en cuando pasasen una pelota./ Si el cansancio y la derrota no supiesen tan amargo, si fuesen poniendo luces en el camino, a medida que el corazón se acobarda y los ángeles de la guarda diesen señales de vida.

“Quizá, llegar a viejo, sería más razonable, más apacible, más transitable/ Ay, si la veteranía fuese un grado, si no se llegase huérfano a ese trago, si tuviese más ventajas y menos inconvenientes, si el alma se apa­sionase, el cuerpo se alborotase y las piernas respondiesen/ Y del pedazo de cielo reservado, para cuando toca entregar el equipo, repartiesen anticipos a los más necesitados.

“Quizá, llegar a viejo, sería todo un progreso, un buen remate, un final con beso/ En lugar de arrin­conarlos en la historia, converti­dos en fantasmas con memoria/ Si no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina o, simplemente, si todos, entendiésemos que todos, llevamos un viejo encima”.

La canción requiere pocos añadidos, es en sí misma una mirada profunda a la situación en la que viven la mayoría de los viejos, qué fácil se nos olvida que llegar a serlo es una de las metas que todos nos empeñamos en perseguir. Sólo considerar la incertidumbre de nuestro sistema de pensiones y ver ahora cómo se complica aún más con la inflación, sim­plemente asusta. Mi padre decía que una madre es capaz de sacar adelante a seis o siete hijos y que, estos mismos hijos no son suficientes para hacerse cargo de ella cuando envejezca. Suena cruel, pero estamos rodeados de ejemplos.

La soledad es una belleza cuando uno la procura, cuan­do decides esconderte contigo mismo y estar un tiempo en paz, sin compañía, solo y tan sólo para disfrutar de ti mismo. Tiempo de meditación, de lectura, incluso de trabajo o pla­neación. Pero es muy jodida cuando es impuesta, cuando te sientes solo y no quieres estarlo, cuando los tuyos te aban­donan o no te buscan, cuando vas a la cama sin las buenas noches de nadie y sin un beso cariñoso.

Tengo toda la intención de llegar a viejo, quizá ya estoy en el tiempo en que debería colocarle el adverbio “muy”, puesto que ya transito en la sexta planta y no me cuezo a los primeros hervores, mi plan es ser algún día… muy mayor y, mi ideal, sería llegar con la solvencia suficiente para no ser dependiente económicamente de nadie, pero mucho más que eso, me importaría hacerlo con tres condiciones indis­pensables: la cabeza sana, el cuerpo más o menos suficiente para valerme por mí mismo y, rodeado del amor de los que me quieren. Si me falta cualquiera de estas tres, creo que preferiría irme antes.

Esta reflexión sobre la vejez me conduce a insistir en el clásico carpe diem. Disfrutemos hoy, vivamos hoy, comá­monos la vida a puñados que, como diría José Luis Perales: ”Qquizá para mañana sea tarde”.

Abracemos a nuestros viejos y, feliz domingo.

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