NAFTA y el secretario
NAFTA ha sido un instrumento fundamental para la estabilidad económica de México y la diferenciación que hemos logrado del resto de los países latinoamericanos. Carlos Salinas de Gortari fue un hombre visionario, ya que al negociar dicho tratado con Estados Unidos y Canadá cambió la actividad económica de México que estaba basada en el petróleo para convertir a México en una potencia exportadora
17 años y lo que viene
Sin embargo, no todo era bueno. En primer lugar, los tres países hicieron un muy mal trabajo político. Partidos y políticos de los tres países atacaron al tratado culpando de intromisión en asuntos internos y en otros a la pérdida de trabajos en beneficio del país menos desarrollado de los tres. México ha sobrevivido al NAFTA sin hacer demasiado esfuerzo y eso terminó saliendo caro. México ha basado su competitividad en una mano de obra barata, abusando de ello durante años en perjuicio de los trabajadores mexicanos, pero también de muchos trabajadores americanos y canadienses que se quedaron sin trabajo cuando sus plantas decidieron mudarse a México. Todos esos trabajadores en Estados Unidos son la base de Donald Trump.
Vamos a ponernos en los zapatos de los americanos por un momento, ¿no sería justo asegurar que el crecimiento de la planta productiva en Norteamérica fuera repartido entre los tres países? La verdad es que la pretensión no es irracional.
El problema es que a quien le tocó ejecutar el asunto es a Donald Trump, un hombre despiadado y sin mucho cariño hacia México y los mexicanos. Debemos recordar cómo empezó esta renegociación e imaginarnos si hubieran sucedido los escenarios que estaban sobre la mesa. Una opción era la terminación del NAFTA por parte de Trump y la otra era limitar el comercio con medida y mecanismos de control dentro del NAFTA.
Sin embargo, para fortuna de México y como pocas veces en la historia, teníamos al hombre correcto en el momento correcto: Ildefonso Guajardo. Un economista regiomontano experto en el NAFTA y un negociador experimentado y consumado.
Por cuestiones profesionales que separo definitivamente de este espacio de opinión personal, me tocó estar cerca de las negociaciones del NAFTA. Durante agosto, prácticamente viví en Washington y pude constatar el profesionalismo y la dedicación del secretario Guajardo y su equipo completo, aunque mencionaré dos nombres solamente, Juan Carlos Baker y Ken Smith.
Leo las notas periodísticas de estos últimos días con mucha tristeza al ver que los medios critican el nuevo acuerdo sin mucho conocimiento de causa y sin recordar la situación en la que estábamos. Cuando el bully del colegio quiere quitarte tu lunch, que te quite lo menos posible es una victoria monumental.
Ildefonso Guajardo inició la negociación desde la posición más débil. Los canadienses consideraban negociar a solas, el odio y el foco de las críticas del gobierno de Estados Unidos se enfocaban en México y la interacción con los funcionarios nuevos de ese país era casi nula. Sin embargo, Guajardo, con mucha inteligencia, revirtió los papeles hasta convertirse en la bisagra entre Estados Unidos y Canadá. Él era quien repartía los mensajes entre Lighthizer y Freeland, asegurándose de mantener el pulso de ambas relaciones para buscar un acuerdo antes de la fecha fatal del 31 de agosto. Durante las últimas semanas, Guajardo y su equipo viajaron a Washington semanalmente, tuvieron sesiones maratónicas de negociación con los americanos, pero también con los sectores productivos del país, a quienes nos mantuvieron informados.
Creó una estrategia que tuvo resultados positivos. El nuevo NAFTA no tendrá limitaciones al comercio que era un resultado poco probable hace un año. México conserva la certeza de un acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, lo que dará certidumbre a los mercados, cuestión que AMLO le debería agradecer. México debe hacer más cosas por ser un país competitivo, pero la manufactura existente está protegida y la futura asegurada.
Entonces, honor a quien honor merece.
Abogado y opinante
Twitter: @LlozanoO
