La certeza

Los países más exitosos en términos de inversión privada son aquellos que generan las condiciones económicas más favorables, pero, sobre todo, los que generan la certeza de que dichas condiciones no cambiarán. Para lograr esa certeza, el mundo desarrollado usa dos instrumentos sine qua non, la ley y las instituciones.

Las instituciones fueron creadas para no depender del capricho de los individuos. Las instituciones tienen mandatos legales que cumplir, sin importar qué opina la persona que dirige la institución. Por ello, basar una decisión de inversión de una empresa global en un país requiere de confianza en el momento de oportunidad del negocio, pero, más aún, requiere de la confianza de que la situación que genera la decisión no cambiará fácilmente. Por eso, como ejemplo, la firma del nuevo Tratado USMCA confirma las condiciones de comercio libre en Norteamérica.

El problema es que en nuestro país no hay una cultura de la legalidad. Sin embargo, me pone muy nervioso que miembros del nuevo gobierno no sólo no tengan una cultura de la legalidad, sino que desprecien la ley y las instituciones como los vehículos para generar y mantener condiciones que permitan la inversión privada. Quizá esto venga de la idea de que el desarrollo lo impulsan la inversión pública y el gobierno como motor de la economía que tiene la gente de la izquierda trasnochada, sin embargo, veo muchas actitudes de que, por haber sido propuesto a ocupar un cargo en el gobierno, esa persona tiene autoridad y, por lo tanto, es “el jefe” de una situación.

Habrá que recordarles a varios que ser miembro de la administración pública es ser un servidor público. El servidor debe servir a los demás, no ser jefe de los demás.

Regresando al tema de las condiciones de certidumbre, recuerdo que cuando el presidente Fox echó para atrás el proyecto del nuevo aeropuerto de Texcoco, un grupo de empresarios extranjeros me comentó: “con esto se acabó el sexenio”. A lo que se referían es que, si el gobierno no podía usar la ley para sacar adelante una obra de infraestructura de esa importancia para el país, difícilmente lo haría para defender una inversión privada. Los primeros momentos de un sexenio sirven para eso, para entender el estilo y la visión de país que se requiere. Fox se mostró débil y así fue su sexenio.

El nuevo gobierno debe tener mucho cuidado de que haya una percepción de desprecio a la ley. El tema del aeropuerto se está volviendo un tema de berrinche personal más que un asunto de Estado. ¿Qué mensaje de certeza se envía al mundo cuando se van a terminar las obligaciones contractuales asumidas con los constructores y proveedores que están construyendo en NAIM? Falta de certeza, ni con contrato te puedes blindar. Se envía un mensaje de que los compromisos legales asumidos por instituciones mexicanas no brindan ninguna certeza a la inversión. Ahora imagine usted lo que deben pensar las empresas petroleras que tienen firmados contratos de exploración por miles de millones de dólares. ¿Si el aeropuerto se cancela y usted fuera el Presidente de una corporación global que pensaba invertir mil millones de dólares en México, lo haría?

Entiendo que los estudios técnicos más solventes de las instituciones internacionales más respetadas avalan el nuevo aeropuerto de Texcoco. Puede que haya otras opciones, pero la decisión del Estado mexicano ya se tomó. No es el nuevo aeropuerto ni del presidente Peña, ni de la mafia del poder, ni de nadie. Es el Nuevo Aeropuerto Internacional de México y la obra la ganó uno de los despachos de arquitectos más famoso y grande del mundo; su cancelación sería un mensaje brutalmente negativo a los mercados y a la inversión privada.

Ya no entremos en detalles técnicos (en Asia hay varios aeropuertos construidos sobre el mar), ¿qué va a pasar con todo lo que ya se gastó en el nuevo aeropuerto? ¿a la basura? ¿la consulta propuesta cumple con las condiciones legales para ser vinculante? ¿qué pasaría si alguien decide que el trazo de la carretera de Querétaro no es el correcto? ¿También cambiamos? Urge sensatez en el gobierno electo.

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