Estados Unidos
El país que ha sido referente de las libertades y de la justicia ha abandonado su vocación y con ello abandona el liderazgo de Occidente. Es difícil saber el impacto interno que tendrá la presidencia del señor Trump, pero hoy es palpable la profunda división interna de Estados Unidos.
No hay peor político que el que divide a la sociedad para obtener triunfos efímeros. Para entender lo que pasa en Estados Unidos solamente hay que cambiar de canal, la narrativa en Fox es diametralmente opuesta a la narrativa de CNN. Cuando uno escucha ambos canales con atención puede palparse que la interpretación de las circunstancias actuales es radicalmente distinta entre unos y otros.
Lo que no es normal en una sociedad como la americana es que la vileza se justifique por cualquier fin. El señor Trump quiere construir su muro y ha intentado todo para obtener los recursos que le permitan construirlo. Los demócratas del Congreso no le darán los recursos y, por lo tanto, este señor Trump inventa una narrativa de crisis migratoria que acaba separando a niños de sus padres, sin garantías de volverlos a reunir. Imagínese usted que va por el aeropuerto de alguna ciudad americana y de pronto se aparecen agentes migratorios que le quitan a su hijo y se lo llevan sin decirle a dónde y por qué.
Luego, como si no existiera la más mínima sensibilidad, se ven las imágenes de niños de tres años durmiendo en el piso de jaulas. Todo esto en el país de la libertad. Todo esto en el país de Lincoln, de Washington, de Jefferson, de Kennedy y Roosevelt. Las imágenes son desoladoras porque, además, justifican el otro secreto a voces de la administración americana, que es el racismo puro y duro. Los jodidos latinos son menos que los blancos. ¿Usted se imaginaría a niños güeritos en las mismas jaulas? ¿Lo soportaría la opinión pública americana? La respuesta es no.
Me extraña mucho no escuchar una reacción más dura de lo que hemos visto por parte de una sociedad como la americana. Lo que pasa en Estados Unidos es como para que la escena del restaurante mexicano en Washington donde comía la secretaria de Seguridad Interna fuera una situación generalizada. La calidad moral de los americanos está ausente.
Desafortunadamente para las mejores causas de la humanidad, el Partido Demócrata tiene una crisis de liderazgo. Hoy, la imagen del opositor a Trump la tiene un republicano y no un demócrata. John McCain, el senador por Arizona, es la oposición más visible al gobierno y al presidente Trump. Es el único que intenta recordar los principios morales que han conducido a los Estados Unidos durante su historia, pero tristemente, está enfermo y morirá muy pronto.
El Partido Demócrata no ha podido generar sus cuadros de liderazgo después de los Clinton. Hoy no se ve a una figura nacional que pueda tomar la estafeta del partido como Obama hace diez años. Los demócratas se miran el ombligo y no se sacuden de la sombra de los Clinton. En el colmo de la deriva, hay quienes piensan que el futuro debe ser Chelsea Clinton, como si no hubiera más. La otra posible opción es otro veterano de la política, Joe Biden, que fue vicepresidente durante ocho años con Obama. La limitación de opciones refleja la crisis del partido. Y Trump aprovecha esta situación para ahondar la división.
No son los mejores momentos de Estados Unidos, la imagen de conflicto con sus aliados y el respeto que se le otorga a sus adversarios presagian un cambio muy rápido en el balance geopolítico global. China está preocupada porque nunca pensaron que la caída del imperio americano sería tan rápida. A Estados Unidos le urge encontrar a un John F. Kennedy que pueda reconducir lo perdido. A usted le pueden caer bien o mal los americanos, pero el ideal de Occidente pierde mucho sin un Estados Unidos fuerte.
Elecciones
México no es ajeno a la división. También nuestros políticos se han dedicado a ahondarla, pero con un componente de resentimiento de clase que puede ser muy perjudicial. Hay quienes ven el triunfo de Morena como el momento de la venganza con una clase social específica. Cuidado con eso.
