El simplismo
Una de las lecciones de la vida es que cada vez que alguien sabe de algo, reconoce las complejidades de ese algo. No hay nada más peligroso que el simplista, porque el simplista tiende a ignorar las complejidades de las situaciones y por lo tanto equivocarse u omitir considerar aspectos importantes de algo para tomar decisiones, siendo un riesgo enorme en cualquier oficio; ahora imagínese eso para un Presidente de la República o un legislador. Pero la peor combinación es tener a un electorado que no reconozca las complejidades de las labores de Estado y gobierno, o que se deje seducir por el simplismo, como si todo dependiera de la voluntad.
Hay una diferencia brutal entre pragmatismo y simplismo. El pragmático busca el valor y la utilidad de una decisión práctica, mientras el simplista decide ignorar la complejidad del hecho.
El electorado está enojado con un gobierno que no ha sabido comunicar sus éxitos ni reaccionar a los escándalos de corrupción que se han presentado durante el sexenio. El asunto de Odebrecht, que ya tiró a un presidente en Perú y ha metido a la cárcel a políticos de todo tipo en Latinoamérica, aquí no ha tenido repercusiones y no ha avanzado de la etapa más elemental del proceso. La PGR ha sido o negligente u omisa en este tema y aun así se preguntan el mal humor del electorado.
Estar enojado y votar enojado son dos cosas totalmente distintas. El enojo ante los escándalos de corrupción, pero, sobre todo, ante la omisión de la PGR, está plenamente justificado. De ahí a votar esperando que alguien tire el tablero y las fichas de juego son cosas muy diferentes que deberían desconectarse en cierto momento. Estados Unidos, que es una democracia madura, cayó en el error, pero la diferencia entre ellos y nosotros es que el tablero lo pueden patear, pero no lo pueden tirar. Nuestro tablero está sobre una mesa a la que le falta una pata, por lo que tirar el tablero y las fichas es sumamente fácil.
Espero que los candidatos sigan participando en foros de discusión, porque exhiben su verdadera naturaleza y evidencian que sería una tragedia que el simplismo se apoderara del gobierno por un sexenio. A continuación, algunas reflexiones de lo que los mexicanos hemos hecho en comparación con lo que se ofrece.
Lo difícil, pero correcto, ha sido trabajar por una Reforma Educativa que evalúa a los maestros, que los obliga a formarse y que les quita privilegios que tenían a costa de la calidad educativa de los niños mexicanos. Lo fácil es no hacer nada y mantener a los maestros como estaban.
Lo difícil, pero correcto, ha sido abrir la competencia en la exploración y perforación de petróleo en detrimento de Pemex, que era un elefante blanco ineficiente, pero primer pagador de impuestos. Lo fácil era seguir inyectando dinero malo al bueno y ordeñar a una empresa ineficiente y corrupta.
Lo difícil, pero correcto, ha sido expropiar terrenos, contratar expertos internacionales, incluido un arquitecto de primer nivel mundial, para construir el tercer aeropuerto del mundo con capacidad de convertir a la Ciudad de México en el hub de interconexión entre Norte y Suramérica y desarrollar un proyecto emblemático por su dificultad técnica. Lo fácil era poner otra pista en Santa Lucía y un edificio más grande y, pues ya, los aviones despegan y aterrizan.
Lo difícil, pero correcto, es modificar nuestras leyes para fortalecer el Estado de derecho, invertir en capacitar a la policía y aumentar el número de jueces. Lo fácil es hacer una amnistía basada en un mal diagnóstico en el que se busca la paz, pero no la justicia.
Lo difícil, pero correcto, es permitir la introducción de nuevos competidores en la distribución de gasolina, esperando a que la competencia eventualmente balancee los precios del combustible a precio de mercado. Lo fácil es gastar dinero público en refinerías y subsidiar con dinero público el precio de las gasolinas de manera artificial.
Las grandes naciones se basan en grandes hechos y éstos nunca son fáciles. La transformación del país requiere acciones complejas que llevan tiempo. No queremos a alguien que nos diga: “pus no llegamos y ya”.
