Contrapesos

El sistema presidencial mexicano y el esquema federal son copias defectuosas del sistema político americano. Cuando George Washington y los padres fundadores crearon Estados Unidos lo hicieron bajo un sistema presidencial para darle al Poder Ejecutivo un margen de maniobra suficiente para gobernar el país, obedeciendo así a su esencia pragmática, pero acotado por balances creados por los otros dos Poderes de la Unión. El diseño constitucional y estructural del Estado americano es una genialidad. La preocupación de que la naciente democracia americana fuera tomada por un tirano llevó a los padres fundadores a crear un marco constitucional basado en cuatro principios: Federalismo, Separación de Poderes, Pesos y Sobrepesos (Checks and Balances) y el Gran compromiso

En Estados Unidos ha funcionado. Un muy buen amigo mío americano y conocedor del sistema de gobierno me ha dicho que la Constitución de Estados Unidos fue creada para la presidencia de Trump. Es exactamente la razón de existir de los contrapesos establecidos y, como ejemplo, las acciones judiciales que han detenido los efectos negativos de la cancelación de DACA.

En el caso de México, después de más de un siglo de guerras civiles para establecer los principios fundamentales de la nación y después de siete constituciones, probamos virtualmente de todo, monarquía, república, centralismo, federalismo, ideas liberales y conservadoras, dictaduras, etcétera. Finalmente, después de la revolución, en 1917, pudo escribirse un texto constitucional razonable para poder fincar los fundamentos de la nación. Plutarco Elías Calles tuvo la visión de dejar dos instituciones determinantes para diferenciarnos del resto de Latinoamérica, el Partido Nacional Revolucionario y el Banco de México. A partir de ahí, México pudo crear un sistema político que le dio la posibilidad de mantener paz y orden bajo la simulación de una república representativa y federal. La solidez institucional era de cartón y todo dependía de un hombre fuerte que sólo tenía la limitación sexenal del tiempo.

A partir de 1997 entendimos que hay que fortalecer las instituciones de este país, dotándolas de una verdadera autonomía para sacarlas de la influencia que nuestro presidencialismo ha generado históricamente. Hoy tenemos que ponernos a pensar en cómo fortalecer los balances del poder para equilibrar a un presidente de ideas viejas, convencido de que la sola voluntad del líder es capaz de arreglar nuestros problemas.

Más allá de preguntas serias y profundas respecto de la vigencia y viabilidad de nuestro sistema político, es momento de pensar que nuestra Constitución y la estructura del Estado mexicano no están tan bien preparadas como la americana para evitar una tiranía. 

Adicionalmente al diseño, en Estados Unidos sólo existen dos partidos, el de derecha y el de centro-derecha. Al ser un bipartidismo, las cámaras siempre están muy balanceadas. Si un presidente republicano o demócrata gana su primera elección, lo más seguro es que consiga una mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado por muy pocos asientos. En el segundo periodo presidencial es muy común que pierda la mayoría en alguna o ambas cámaras y así se mantiene el balance.

En nuestro caso no ha sido así, porque México vive la italianización de la política donde hay varios partidos que diluyen la composición del Congreso, pero también diluyen la oposición.

Lo más peligroso que puede pasar en México el 1 de julio es que gane el puntero y que, además, gane con una mayoría relevante en el Congreso de la Unión y en los congresos locales. Eliminar contrapesos vía el voto dando mayoría a quien desprecia la división de poderes y las opiniones divergentes es un riesgo incremental en nuestra vida institucional. Es momento de empezar a hablar del voto diferenciado y dejar a los partidos políticos que hagan oposición leal (la que él ha negado) y responsable.

El camino a la prosperidad pasa por un país con orden. Para llegar al orden, debemos generar condiciones de certidumbre yendo desde las consecuencias a malos actos, hasta el premio a un trabajo esforzado y continuo. Para ello se requieren instituciones fuertes y sólidas.

Abogado y opinante

llomadrid@gmail.com       

Twitter:   @LlozanoO

Temas: