El amor es extraño
Y por muchos motivos. Porque nos hace actuar de manera irracional; porque hace que nuestras vidas cambien radicalmente. Si es correspondido nos hace creativos, sensibles, solidarios, comprensivos, nos permite crecer y hacer crecer al otro, nos convierte en una suerte de ...
Y por muchos motivos. Porque nos hace actuar de manera irracional; porque hace que nuestras vidas cambien radicalmente. Si es correspondido nos hace creativos, sensibles, solidarios, comprensivos, nos permite crecer y hacer crecer al otro, nos convierte en una suerte de espejo para él, así como también en esa persona tenemos un reflejo de nosotros mismos.
Al menos así es la historia en El amor es extraño (Love Is Strange, Estados Unidos, 2013) dirigida y coescrita por Ira Sachs, que sigue a Ben y George, una pareja homosexual que tras 39 años de relación deciden casarse, por lo que la escuela católica, en la que George ha sido maestro de música y director del coro durante varios años, tiene el mejor pretexto para pedirle que presente su renuncia de inmediato (le confieso que aquí no me queda claro por qué ante un caso de flagrante discriminación no recurren a la demanda).
Sus ingresos, integrados por la pensión de Ben y el salario de George se ven considerablemente mermados, encontrándose en la necesidad de vender un departamento en el que vivían desde hacía 15 años.
Su familia cercana entra al rescate, pero nadie puede recibirlos juntos por lo que tienen que acceder a que Ben se quede con un sobrino casado y con un hijo en efervescente adolescencia; mientras que George se va con los otros primos, una pareja de policías gays que en sus descansos se dedican a la fiesta.
Aunado a la separación, la inestabilidad de sus nuevos esquemas de vida empieza a hacer un gran daño en Ben y George. Aquí me quedo.
Los protagonistas son lo mejor de la película: John Lithgow es Ben, ya retirado y que ha tenido un desempeño aceptable como pintor (por cierto los cuadros que se ven son obra del marido del director, Ira Sachs) y que pasa ya de los 70.
Alfred Molina es George, unos diez años menor, músico y maestro de piano. Se aman profundamente y no conciben la vida el uno sin el otro.
Ambos son aficionados al arte, van a conciertos y exposiciones, escuchan música, leen, comparten complicidad, sensibilidades y aficiones, que han hecho que su relación sea muy sólida en 39 años.
Los otros personajes adolecen de falta de profundidad en su descripción.
Los dos cuyas vidas cambian drásticamente con la presencia de Ben son su sobrina Kate, bien interpretada por Marisa Tomei, que es una escritora que trabaja desde su casa y que, aunque al principio es acogedora y amable, con el paso de los días empieza a ver en su tío un estorbo que no la deja concentrarse por sus constantes interrupciones.
Su personaje está bien desarrollado pero, sobre todo, por su calidez y su gran oficio como actriz en roles de este tipo. El otro personaje es Joey, Charlie Tahan, el sobrino adolescente más afectado por la intromisión de Ben en la casa, pues su intimidad se acaba, y si le va bien duerme en una litera y si no en la sala.
Hizo falta explorar más a este joven y presentar más momentos de su convivencia con el tío, pues a fin de cuentas en El amor es extraño el factor humano más valioso sería el aprendizaje que esta convivencia forzada para todos puede sembrar en el más joven del grupo, incluso, pudiendo ser un parteaguas para su vida.
Es en este sentido que la película queda a deber y no alcanza a meterse en el corazón del espectador. Su
desenlace es muy ambiguo en ese aspecto aunque insisto: lo mejor es el trabajo de John Lithgow y Alfred Molina, dos grandes veteranos que saben ponerse en la piel de una pareja de hombres maduros que se aman.
