César debe morir: teatro para sanar
El arte como medio para alcanzar la salud mental y emocional, para sanar y liberarse. Esa es la propuesta de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani César debe morir Cesare deve morire, Italia, 2012. Ganadora del Oso de Oro y del Premio del Jurado del Festival de Berlín en ...
El arte como medio para alcanzar la salud mental y emocional, para sanar y liberarse. Esa es la propuesta de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani César debe morir (Cesare deve morire, Italia, 2012). Ganadora del Oso de Oro y del Premio del Jurado del Festival de Berlín en ese año, nominada a ocho premios David di Donatello de los que se llevó cinco, además de varios reconocimientos en Europa y el mundo, en una filmación de escasos 80 minutos en blanco y negro y color, los Taviani confirman por qué son unos de los realizadores más importantes y representativos de la historia del cine italiano.
Con un brillante cuestionamiento en torno al arte y su vocación redentora y liberadora, recrean la puesta en escena de Julio César de William Shakespeare que se organiza entre los internos de un penal romano de alta seguridad en Rebibbia. Alternando el docudrama que se mueve entre el cine documental y la ficción, la cámara sigue a una compañía formada por asesinos —algunos con cadena perpetua—, ladrones y criminales que están recluidos purgando largas sentencias y que son organizados por el director de escena Fabio Cavalli, quien es un convencido de que el arte puede detonar emociones y sentimientos nobles que ayuden a estos hombres —aparentemente perdidos— a encontrar una forma de reconstruir sus vidas.
La idea surgió de una visita que los hermanos Taviani hicieron a la cárcel de Rebibbia atendiendo a una invitación que las autoridades les hicieran para presenciar una representación de La divina comedia a cargo de los reclusos. César debe morir se inicia sobre un escenario, en color, en donde varios actores recrean el momento posterior a la muerte de Julio César a manos de un grupo de conspiradores de la Curia Romana. El vestuario y la iluminación son los adecuados, Bruto se ve abatido por un una crisis que lo hace pensar que él también tiene que morir, son los últimos minutos de la obra de Shakespeare. La representación termina, el cuadro de actores recibe una cerrada ovación por parte del público y la agradecen con entusiasmo, abrazos, saltos.
La siguiente escena en blanco y negro nos lleva a acompañar a estos “actores”, uno por uno, regresando cabizbajos a sus celdas que son cerradas meticulosamente. En el interior recorren los escasos metros de su lugar de reclusión, regresan a su drama personal. La magia de la sensación de libertad que da ponerse en la piel de otro ser humano, termina.
El insólito grupo de actores dirigidos por Cavalli y los propios hermanos Taviani desfila en la pantalla. Se les pide que se identifiquen ante la cámara como si lo hicieran en una aduana y su familia los viera del otro lado, en una dolorosa despedida. También se pide que den sus nombres pero expresando dolor, rabia, ira. Desde este ejercicio se ve a los que tienen madera de actores, ya en esas escasas líneas vemos a los que pueden conmovernos, emocionarnos o dejarnos indiferentes.
La idea de las representaciones teatrales en cárceles no es nueva e incluso se considera una actividad que puede ayudar mucho a los internos a superar el abatimiento provocado por el encierro. Los Taviani seleccionan uno de los textos más emblemáticos y complejos en la obra de Shakespeare. Julio César tiene una carga política muy acusada y les da a estos hombres la oportunidad de memorizar parlamentos en los que de pronto se encuentran, en los que recuerdan algo que les dijo alguien, algo que hicieron en el pasado.
El ambiente es claustrofóbico, pero ¿qué cárcel no lo es? ¿Qué tan sano es darles una probada de libertad a la que van a tener que renunciar cuando se cierre el telón? Sin duda la experiencia cambió sus vidas radicalmente.
La respuesta precisa la da Salvatore Striano, quien encarna a Bruto, un actor nato. Él fue liberado ocho años antes de que se cumpliera su condena y regresó para integrarse a la representación. Julio César para muchos de estos hombres resultó un parto doloroso, que les permitió conocer una invención distinta de sí mismos.
Es “el” estreno de la semana.
9.5/10.
