Manotazo juvenil por el liderazgo climático
En las primeras semanas de 2019, siguiendo el ejemplo de Greta, en varias ciudades europeas colectivos de estudiantes han faltado a clases los viernes para protestar por la degradación ambiental y el cambio climático. Son jóvenes informados y decididos a transformarse: pasar de observadores a actores protagónicos.
Greta Thunberg no sólo es un símbolo global del activismo juvenil contra el cambio climático a través de su movimiento Youth Strike for Climate. También ha inspirado a miles de niños y adolescentes a luchar por su derecho a una Tierra sostenible. A través de sus palabras y acciones, esta chiquita de 16 años está dando una enorme lección a los nacidos en la centuria pasada.
Vergüenza debería darnos a los adultos y a los “tomadores de decisiones” por el planeta devastado que estamos heredando a los niños y a los aún no nacidos.
En foros internacionales, Greta confrontó a los líderes mundiales a través de sus breves, pero poderosos discursos.
Como si se tratara de una pelea de box, los puso contra las cuerdas.
Los noqueó con verdades crudas e incómodas al decirles que no están a la altura de la emergencia, porque tratan la crisis climática como si no lo fuera.
Sí. Esta pequeña de espíritu indómito es congruente con su decir y su hacer.
Hizo cambios profundos en su estilo de vida: se volvió vegana y su huella de carbón es menos contaminante que la de usted y la mía.
No sólo eso. Ahí está la huelga climática de cada viernes frente al Parlamento sueco. Una forma de irse de pinta con un buen fin (por eso el hashtag #FridayForFuture). Una iniciativa replicada por estudiantes de diferentes nacionalidades.
En las primeras semanas de 2019, siguiendo el ejemplo de Greta, en varias ciudades europeas estudiantes han faltado a clases los viernes para protestar por la degradación ambiental y el cambio climático.
Son jóvenes informados y decididos a transformarse: pasar de observadores a actores protagónicos en asuntos que comprometen su futuro.
Las huelgas estudiantiles empezaron a crecer y los diversos colectivos se unieron para convocar a una movilización global.
Apoyados en las redes sociales, en pocas semanas el llamado juvenil tuvo eco.
El pasado viernes 15 de marzo, un millón 500 mil escolares de poco más dos mil ciudades en 125 países de todos los continentes hicieron huelga por el clima.
La preocupación y el miedo a la incertidumbre unió a la juventud. También el enojo y la impaciencia. Pero, a diferencia de los adultos, ésta no se paraliza o pasa por alto los efectos de un planeta más caliente.
Los escolares salieron de las aulas para exigir a los políticos que dejen de contaminar el ambiente, cumplan el Acuerdo de París y tomen en serio las advertencias de los científicos sobre las consecuencias de no reducir los niveles de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Mejor ellos son conscientes del significado de no hacer algo para evitar la catástrofe.
La semana pasada, científicos de la ONU informaron que aun cumpliendo el Acuerdo de París, para mediados de siglo las temperaturas invernales en el Ártico aumentarán de entre 3 y 5 grados centígrados por arriba de los niveles preindustriales. Desafortunadamente, también podrían incrementarse aún más hacia 2080, entre 5 y 9 grados centígrados.
El calentamiento y, por lo tanto, el deshielo del Ártico desencadenarán el punto de inflexión del clima, lo cual significa un poder altamente destructivo.
Todo ese entusiasmo desbordado en las calles está siendo valorado y reconocido por diferentes personalidades.
Más de 25 mil científicos de Alemania, Austria y Suiza firmaron una declaración de apoyo al movimiento #FridaysForFuture iniciado por Greta. En el documento se adhieren a los reclamos de los jóvenes, pues tienen razón al pedir que la sociedad se centre en “la sostenibilidad sin más vacilaciones”, porque sin un cambio profundo y consistente, su futuro estará en peligro.
“Como científicos debemos apoyar de manera enfática su demanda de acción rápida”, se lee en la declaración.
El propio secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, en un artículo publicado el mismo 15 de marzo en el portal del diario británico The Guardian, contagiado por el brío de miles y miles de jóvenes manifestantes, está convocando a una nueva cumbre climática en septiembre próximo.
Conmina a los líderes mundiales llevar a Nueva York planes concretos y realistas para elevar sus contribuciones determinadas a nivel nacional para 2020.
Como escribió, la ventana de oportunidad para actuar se cierra y la humanidad ya no tiene el lujo del tiempo: “El rezago climático es tan peligroso como la negación del cambio climático”.
Por lo anterior y más, Greta ha sido nominada por diputados noruegos al Premio Nobel de la Paz. Ojalá le otorguen tan enorme distinción, pues su actuar es genuinamente estimulante.
Si la huelga climática de los jóvenes y la evidencia científica no mueven a sociedad, gobiernos y líderes, en verdad no se ve qué más pueda detonar la acción para tener un poco de certeza sobre el porvenir.
Porque lo hecho hasta ahora es aterradoramente insuficiente.
¿Hay razones para tener esperanza?
Sí, voltee a ver a sus hijos y actúe junto con ellos.
