Por Susannah Goshko*
Hace unos días, en la Embajada Británica hicimos un ejercicio –que pronto verán en nuestras redes– aparentemente simple: compartir una foto de cuando éramos niñas y acompañarla con una frase que respondiera a la pregunta “¿qué diría nuestra niña interior si supiera dónde estamos hoy?”.
Más allá de lo nostálgico que fue buscar entre mis álbumes y pensar qué escribir, este ejercicio me hizo reflexionar sobre algo muy importante. Es durante nuestra niñez que se forman las expectativas que tenemos sobre la vida. Ahí es donde se construye la confianza, se abren o se cierran posibilidades y empezamos a imaginar quién podemos llegar a ser.
Pero también es ahí donde se hace evidente una realidad incómoda: en muchas partes del mundo no todas las niñas tienen las mismas oportunidades para soñar ni las mismas condiciones para convertir esos sueños en realidad.
El lugar donde nacemos, el acceso a la educación, la seguridad del entorno, los mensajes que recibimos sobre nuestro valor y nuestras capacidades influyen de forma significativa.
Mientras algunas niñas crecen rodeadas de estímulos, modelos a seguir y apoyo, otras enfrentan barreras que no eligieron como: pobreza, discriminación o expectativas limitantes sobre su rol en la sociedad. Esa desigualdad tan temprana no sólo es injusta, tiene efectos profundos y, en muchas ocasiones, duraderos, que impactan la vida de millones de niñas y mujeres.
Por eso, el compromiso con las mujeres y las niñas es una de las decisiones más importantes y urgentes que puede tomar cualquier sociedad.
Invertir en educación temprana y de calidad, promover entornos seguros donde las niñas puedan desarrollarse plenamente y fomentar culturas que valoren la equidad, el respeto y la igualdad de oportunidades no es simplemente una agenda social. Se trata de una apuesta por el bienestar y la prosperidad compartida.
En este esfuerzo, es imposible ignorar que la violencia contra mujeres y niñas sigue siendo una de las mayores barreras para su desarrollo. Por ello, tal como lo ha dicho la ministra de Asuntos Exteriores británica, prevenirla y combatirla es una prioridad porque ninguna niña puede imaginar su futuro si no se siente segura hoy.
A nivel global distintos países han asumido compromisos relevantes y en el Reino Unido hemos buscado hacer lo propio, poniendo este compromiso en el centro de su acción internacional, reconociendo que cuando las niñas avanzan, las sociedades avanzan con ellas. Pero también sabemos que ningún país puede generar cambios por sí solo. Estos desafíos requieren alianzas sólidas, cooperación constante y soluciones que respondan a contextos locales.
En México se han dado pasos para poner a la niñez como un eje central en el plan de desarrollo del país. Programas como la Beca Rita Cetina, el apoyo para útiles y uniformes escolares, o la inversión en infraestructura de cuidado buscan que más niñas permanezcan en la escuela y crezcan con apoyo.
Al igual que ocurre alrededor del mundo, el empoderamiento y el avance de los derechos de mujeres y niñas son temas con múltiples aristas que requieren trabajo constante y paralelo. Impulsar una mayor igualdad implica esfuerzos sostenidos de gobiernos, comunidades, sociedad civil y aliados internacionales.
En ese espíritu, el Reino Unido y México colaboran para ampliar oportunidades y seguir construyendo entornos donde niñas y mujeres puedan desarrollarse plenamente.
Valorar y promover la igualdad no debería ser un acto extraordinario, sino una práctica cotidiana. Las decisiones públicas, las alianzas y las oportunidades que construyamos hoy definirán de manera profunda la vida diaria y trayectoria de las niñas de nuestros países.
Por eso, la pregunta que deberíamos hacernos es, ¿qué herramientas podemos darles a las niñas hoy para que todas, sin excepción, puedan decir que lograron lo que se imaginaron?
Continuemos la conversación en redes sociales: en X e Instagram: @SusannahGoshko y @UKinMexico.
*Embajadora del Reino Unido en México
