Jauja

Por Alonso Díaz de la Vega Quizás en alguna otra película de algún otro director, el final de Jauja 2014 podría aparentar un capricho, una arbitrariedad. Una repentina transformación nos aguarda desde el principio de la cinta, cuando nos enteramos de que Jauja ...

Por Alonso  Díaz  de  la  Vega

Quizás en alguna otra película de algún otro director, el final de Jauja (2014) podría aparentar un capricho, una arbitrariedad. Una repentina transformación nos aguarda desde el principio de la cinta, cuando nos enteramos de que Jauja es un reino de felicidad y plenitud del que nadie ha vuelto y que acaso nadie ha descubierto. Esta advertencia parece diluirse en la historia de amor entre un padre y su hija, resumida en un primer plano que, en su retrato de ambos recargándose contra el otro, contiene la cinta entera. Más tarde, la voz de Jauja se explaya como una transgresión cuando, una noche, se escucha la única pieza musical en todo el filme. A partir de ahí no podemos conocer la naturaleza de cuanto se manifiesta ante el capitán Gunnar Dinesen (Viggo Mortensen). ¿Ha cedido él ante la locura o el tiempo ante él? ¿Es él una invención o lo es el desierto de arena negra donde se disuelve su figura? Hay ecos de Juan Rulfo en estas imágenes; del instante en que Juan Preciado pierde la razón y la realidad se presenta como una invención de la desesperanza, en Pedro Páramo.

Pasaron décadas hasta que Rulfo explicó al fin las extrañas visiones de una pareja edénica e incestuosa como un producto de la locura. Quizá nunca sepamos a qué obedece la misteriosa conclusión de Jauja. No es una austeridad de significado lo que nos presenta el argentino Lisandro Alonso en el desenlace, sino una suerte de humildad ante un mundo que se asume a sí mismo como una irrealidad, como un sueño. El resto de la película pareciera desarrollarse en la realidad objetiva, pero Alonso nunca la captura como menos que inescrutable. La filmografía del director ya había explorado en silencio el mundo para evitarnos la desgracia del conocimiento. La realidad, como lo muestra en Los muertos (2004), por ejemplo, es un secreto en el que marchamos en búsqueda de algo que resulta irrelevante tras el viaje a través de la naturaleza. El hombre pareciera brotar de ella y consumarse en una comunión absoluta. El viaje es el fin.

Al comienzo, Jauja podría parecer una detracción del cine de Alonso, con su diálogo más abundante que lo usual, pero cuando desaparece Ingeborg (Viilbjørk Malling Agger), la hija del capitán Dinesen, y éste se lanza en busca de ella, la película regresa al tono de un autor cuya principal intención es capturar el viaje como una experiencia en el tiempo, y al tiempo como una evanescencia constante que se percibe en la quietud. En la fotografía miramos un presente inmóvil, pero Alonso muestra el cine como un artefacto para ver la interminable construcción del pasado. Lo que sucede en el cine es movimiento constante, como el significado de nuestro entorno, que, cuando nos movemos, cambia.

Dirige

  • Lisandro Alonso

Actúan

  • Viggo Mortensen
  • Viilbjørk Malling Agger

@diazdelavega1

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