Donald Trump pidió a los estadunidenses que votaran como si él estuviera en la boleta. Le hicieron caso. ¿El resultado? Una derrota que difícilmente olvidará el presidente. Trump insistió en convertir la elección en un referéndum sobre su persona y los electores replicaron claro y fuerte.
Los demócratas recuperaron el control del Congreso y consiguieron victorias en territorios donde los republicanos llevaban décadas gobernando. Texas fue el ejemplo más contundente. Gina Hinojosa rompió 36 años de dominio republicano en la gubernatura y se convierte en la primera mujer en ocupar el cargo. James Talarico consiguió un escaño en el Senado federal que su partido no ganaba desde 1988.
Esta elección trasciende las fronteras estadunidenses. Donald Trump construyó su discurso político alrededor de la migración, convirtió a los extranjeros en los culpables de los problemas nacionales y normalizó la crueldad contra las comunidades migrantes. Ahora, candidatos de origen hispano ocupan posiciones de poder que hace décadas estaban fuera de su alcance y el voto hispano se hizo escuchar. ¿Justicia poética?
EL FACTOR IRÁN
Los estadunidenses votaron pensando en su bolsillo. El presidente volvió debido a que sedujo a sus seguidores con promesas de una economía fuerte, precios bajos y el fin de guerras interminables. Incumplió en todo; involucró a su país en otra guerra aliado con Israel y escuchó previsiones fuera de la realidad que llevaron a su propia población a sufrir las consecuencias.
El vicepresidente JD Vance aceptó que el conflicto iraní está detrás de esta estrepitosa derrota, un mea culpa que se podría interpretar como el arranque de la campaña electoral de 2028.
RENDICIÓN DE CUENTAS
La derrota republicana deja una lección que ningún gobernante debería olvidar: ganar una elección no implica poder perpetuo. Los ciudadanos tenemos el derecho de cambiar de opinión, retirar la confianza y exigir cuentas.
La Constitución estadunidense comienza con tres palabras: We the people (Nosotros, el pueblo). Pero justo cuando los gobernantes ascienden al Olimpo pierden la memoria y olvidan que la autoridad de un presidente es otorgada por los ciudadanos. Olvidan que son nuestros empleados y comienzan a sentirse monarcas.
Es prudente no subestimar a Trump, ha sobrevivido derrotas, escándalos sexuales e innumerables procesos judiciales y sigue en pie. Conserva a su base electoral y le quedan dos años en el poder y, dos años, es mucho tiempo.
Conviene que los demócratas (y los políticos mexicanos) recuerden que el poder no pertenece a quien gana una elección. Es sólo un encargo temporal que les podemos quitar.
We the People.
