¿Realmente neutrales?
El Presidente de la República despreció abiertamente a las organizaciones de migrantes.

Kimberly Armengol
Rompe-cabezas
A juzgar por el repunte en los niveles de popularidad del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, su visita a Washington resultó ser un éxito monumental.
Logró, entre otras cosas, que los sectores críticos de la prensa a su gestión tuvieran palabras de elogio para el acuerdo. No faltó quien consideró que su discurso en la Casa Blanca es una de sus mejores piezas dentro de su administración, casi comparable como el que dio cuando se confirmó que él había ganado la elección presidencial.
El trabajo del canciller Marcelo Ebrard y de la embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, tocó niveles de excelencia diplomática, puesto que se evitaron los temas difíciles, como el trato a los migrantes o el muro, que sólo mereció una pequeña broma por parte de Donald Trump.
La dinámica entre ambos mandatarios dejó claro no únicamente la simpatía personal, sino una suerte de complicidad que resultó muy redituable para el presidente/candidato. Frases de López Obrador incluso son usadas por la campaña de los republicanos buscando la simpatía de los hispanos.
Al Presidente le acompañaron los empresarios más importantes del país. No líderes de cámaras o confederaciones, sino el máximo nivel empresarial. Gracias a la infidencia de Patricia Armendáriz, una invitada que ha alcanzado notoriedad por trabajar en Shark Tank, se supo que Carlos Slim tomó la palabra para elogiar las oportunidades que se abren con el T-MEC.
Parecería que fue una acción perfecta, un éxito de la política mexicana. Sin embargo, no existen ni el crimen perfecto ni la acción diplomática perfecta.
El Presidente de la República despreció abiertamente a las organizaciones de migrantes, lo que es visto por la mayoría de estos grupos como una suerte de concesión indebida hacia Trump. Resulta aventurado suponer que el éxito protocolario y las sonrisas compartidas se transmitieron por ósmosis y se convirtieron en intenciones de voto republicano.
Supuestamente la reunión era para celebrar la firma del T-MEC, al que ambas administraciones se esforzaron por hacer creer que era un acuerdo nuevo y no la continuación, mejorada, del que ya estaba en vigor.
En este escenario se dejaron, por lo menos, otros dos cabos sueltos. Primero, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, determinó no asistir al encuentro con los otros socios del T-MEC. Una parte de la prensa afín al gobierno de López Obrador ha tratado de crear la narrativa de que el primer ministro de Canadá no fue porque estaba implicado en investigaciones internas, cuando el rechazo a la invitación tuvo que ver con las profundas diferencias con Trump.
Es fundamental tener a la mano las piezas del rompecabezas, las partes más vulnerables del T-MEC para México tienen que ver con la protección de los derechos laborales y ambientales, donde México está claramente en falla.
En la aprobación del T-MEC, los legisladores demócratas, encabezados por Nancy Pelosi, fueron fundamentales para destrabar la negociación, también fueron ignorados.
Si se cumple lo que hoy marcan las encuestas, resultaría que el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, gana las elecciones en noviembre, la diplomacia mexicana tendría que trabajar muchísimo para remontar lo que, de parecer un éxito en el corto plazo, podría ser una verdadera derrota.
POST SCRIPTUM
Luego de que Jesús Seade hiciera su presentación de campaña para presidir la Organización Mundial de Comercio, este hombre ganó la simpatía de muchos. El todavía subsecretario para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores marcó una profunda diferencia y se vio como un hombre que conoce a fondo la OMC y, quizá más importante, que tiene las herramientas diplomáticas no sólo para salvarla, sino llevarla a otro nivel.