México y los conflictos internacionales actuales y posibles
Esta semana se llenó de novedades. El impasse que de nuevo se abre en la vacilante renegociación del TLCAN. Afortunadamente, hay alternativas prácticas y viables que no dependen de ese tratado. En lo internacional, en casi todos los ámbitos se respira inestabilidad y tensión. Tomemos algunos ejemplos: Las dos Coreas. Por momentos brilla un destello de esperanza para la firma del tratado de paz y reunificación de las dos naciones, aliviando las tensiones que generaron los alardes militares de los últimos meses
A los que prefieran continuar el actual estado de guerra habrá que recordarles la cruel y sanguinaria guerra civil que hace años se libró en Vietnam para decidir si la región caía o no en la esfera del socialismo comunista. Muertos los millones de combatientes e inocentes civiles, la inevitable negociación trajo por fin la paz. En cuanto a la confrontación ideológica inicial, la denominación oficial del país, de nuevo unificado, quedó en República Socialista de Vietnam.
Otro tema de esta semana que afecta y daña a la paz mundial fue la inauguración formal de la embajada norteamericana en Jerusalén que, por su nombre, podría llamarse “la ciudad de la paz”. La inauguración de la representación de Estados Unidos no abona a la pacificación de la región, sino, dados los temperamentos de ambas partes, sólo agita más el conflicto irresoluble nacido de la Declaración Balfour de 1917.
Ese conflicto ancestral no tiene más remedio que el que ambas partes, monoteístas, acepten convivir al amparo de la divinidad que reconocen, en el territorio que reclaman. Los argumentos de los judíos son atendibles por sus antecedentes bíblicos. Tampoco puede desecharse la reconocida presencia árabe de más de un milenio y medio. México, por ser amigo de ambos, no debe tomar partido.
Un tercer conflicto no resuelto es el de Cachemira, región musulmana dividida en dos. Llevado el caso a la ONU, en 1948, por el primer ministro Jawajarlal Nehru. Sigue sin hacerse el plebiscito que, entonces, ordenó la Asamblea General. Las conversaciones entre Paquistán e India no avanzan. El tema solapa la mal disimulada interferencia de intereses extraños. Mientras, los cachemires sólo piden su independencia.
Los conflictos internacionales menudean. Hay otros como los fronterizos entre China e India o el de Ucrania y Rusia sobre Crimea. Los que China tiene con Japón y Filipinas, referentes a las islas artificiales que China ha construido en el mar, invadiendo derechos de vecinos, destinadas a ser bases militares.
Es debatible que se diga que vivimos una era de paz. Una imprudencia puede romper los endebles equilibrios del momento. Afortunadamente, la actual proliferación de armas nucleares opera como disuasivo de una catastrófica guerra. Gracias a nuestro Premio Nobel, Alfonso García Robles, que creó el Tratado de Tlatelolco, suscrito en febrero de 1967, se impidió una carrera armamentista en América Latina, realizamos nuestros programas de desarrollo sin la compulsión de gastar infinitas cantidades de dinero en estudios y ensayos militares en demérito del progreso interno.
Ante la realidad de un mundo en tensión, no hay que dejar que ese ambiente sobrecargado de frustraciones afecte la vida del mexicano. No necesitamos crear conflictos como el que el irresponsable Presidente Trump quiere provocar. Antes de calificar de “animales” a los inmigrantes centroamericanos que cruzan México rumbo a su país, Trump y su aliado electoral, la National Rifle Association (NRA), tendrían que aplicar ese adjetivo a sus conciudadanos que, con fácil acceso a las armas, siguen, incluso ayer, enlutando escuelas, cines, centros comerciales y estadios sacrificando inocentes.
El problema migratorio es profundo en términos de respeto a la dignidad humana y de muy difícil solución. Los europeos lo conocen y padecen. Estados Unidos es nación de inmigrantes, pero su Presidente insiste, con engaños, acusaciones, leyes, muros y todos los medios en convertirlo en conflicto. Pero lo que menos necesitamos en todo el Continente Americano es que ese país nos endose una problemática interna suya, que se enquiste perenemente, como sucedió en los casos que describimos arriba en este artículo. Las irreflexivas impertinencias de Trump exhiben la torpeza y odio racial que él receta a situaciones tan complejas y sensibles.
Por lo que a México toca, las facetas más duras de los problemas migratorios se disolverán si los sectores público y privado aceleramos el paso de programas de desarrollo económico y social. Estoy seguro de que la coyuntura que, con valentía y claridad de visión, Margarita Zavala abrió, anuncia su renovada dedicación a esa dinámica tarea. Felicitaciones.
Consultor
