Inversiones
Millones de dólares llegarán a México, consecuencia del T-MEC y la reunión realizada en Washington, a la que estratégicamente invitaron a empresarios de ambos países.
Inspirado en Juárez y la Doctrina Estrada, asistió a la cena en Washington el presidente Andrés Manuel López Obrador con su homólogo Donald Trump.
Millones de dólares llegarán a México, consecuencia de la reunión, a la que estratégicamente invitaron a empresarios de ambos países, provocando frustración en los detractores de López Obrador, al pensar y desear que “todo le saldría mal”. Afortunadamente para el país, la reunión fue exitosa y “todo salió muy bien” gracias al tejido fino de la diplomacia mexicana que impulsa el canciller Marcelo Ebrard.
Los empresarios destacaron con anuncios de inversiones importantes para México en sectores como la industria tecnológica, medios de comunicación, acero, alimentos y energía.
Jeff Martin, director de Sempra, empresa de infraestructura energética, anunció inversiones, de mil novecientos millones de dólares, en la exportación de gas natural licuado, lo cual creará más de cinco mil empleos altamente calificados en su país.
Y en México, Bob Swan, presidente de Intel, anunció inversiones en Guadalajara; también lo hizo Gretchen Watkins, de Petrolera Shell, aunque no dio especificaciones, a los que se sumaron, Leon Topalian, presidente de Nucor, de la industria acerera; Michael Dykes, presidente de International Dairy Foods Association, empresa de alimentos, quien anunció la inversión en el área de lácteos.
Asistieron también los empresarios Dan O. Dignes, de Cabot Oil & Gas Corporation; Kumar Galhotra, de Americas & International Markets Group; David Abney, de UPS; Charles Rivkin, de Motion Picture Association; Fred Smith, de Federal Express, y James Taiclet, de Lockheed Martin.
Por México, acompañaron al presidente López Obrador los empresarios Carlos Slim, quien expresó que “el T-MEC es más completo que el tratado anterior por la inclusión de reglas de trabajo”; Olegario Vázquez Aldir, de Grupo Empresarial Ángeles; Miguel Rincón, de Bio Pappel, Carlos Bremer, de Grupo Financiero Value, Daniel Chávez, de Grupo Vidanta; Marcos Shabot, de Arquitectura y Construcción; Ricardo Salinas Pliego, de Grupo Salinas; Carlos Hank, de Banorte; Bernardo Gómez, de Televisa; Francisco González, de Multimedios, y Patricia Armendáriz, de Financiera Sustentable.
Ciertamente, el T-MEC tuvo su antecedente en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), puesto en marcha hace más de 20 años, el cual impulsó millones de empleos en México, pero mal pagados y con precariedad social, fortaleciendo la expulsión de nacionales al vecino país. Ahora, el nuevo T-MEC, actualizado y modificado, adicionó (entre otros) dos temas fundamentales que vale la pena destacar.
El tema laboral, para que los obreros mexicanos elijan libremente a sus líderes y reciban salarios dignos, con lo cual les sea posible recuperar el 75 por ciento del poder adquisitivo perdido en los pasados 30 años. De ahí los incrementos, del 16 por ciento en 2019, y del 20 por ciento en 2020, que Andrés Manuel López Obrador decretó al numeral económico.
Un obrero mexicano gana cinco dólares al día, mientras que el obrero “del otro lado” gana 16 dólares. Lo deseable es lograr condiciones de igualdad, sin dejar de lado que China fue “la gran fábrica del mundo” al tener los salarios más bajos del planeta.
Y el segundo tema es el Capítulo Anticorrupción, mediante el cual se busca dar certeza y seguridad jurídica a los inversores de capitales para que no sean víctimas de la corrupción antes acostumbrada e incluso institucionalizada.
Así, el tránsito de personas, mercancías, bienes y servicios están garantizados y serán más vigilados para evitar migración, tráfico de armas, drogas y dinero ilegales.
Cierto, fue una reunión inteligente donde ambos mandatarios, para avanzar, destacaron los puntos de coincidencia, encargando los asuntos de alta complejidad a los grupos gubernamentales de trabajo, quienes intercambian información, con la encomienda de “Cero tolerancia a la impunidad”. ¿O no, estimado lector?
