Esperanza

Andrés Manuel López Obrador logró recuperar la confianza de la mayoría de los ciudadanos al gobernar con el apoyo del 68 por ciento de los mexicanos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador le regresó la esperanza a millones de mexicanos al procurar mejorar el nivel de vida y cambiar el estado de las cosas, por su estilo de hacer política y ejercer la función pública con probidad.

La esperanza viene de esperar y este verbo, a su vez, del latín esperare.  La esperanza puede ser vista como una sensación, sentimiento o valor que se refleja en nuestro estado de ánimo y que, normalmente, asociamos con algo positivo. Es aquella percepción de conseguir algo bueno para nuestras vidas y nuestras personas y está asociada a la confianza, fe y seguridad.

Andrés Manuel López Obrador logró recuperar la confianza de la mayoría de los ciudadanos al gobernar con el apoyo del 68 por ciento de los mexicanos. Ha hecho de la política el instrumento de desarrollo y justicia que por décadas los tecnócratas se dedicaron a desprestigiar al arribar al poder y cometer excesos en su ejercicio.

El presidente Andrés Manuel López Obrador estableció programas anticorrupción que la gente aplaude. Santiago Nieto Castillo cumple con creces su responsabilidad al integrar decenas de carpetas de investigación y remitirlas a la Fiscalía General de la Nación, donde el fiscal Alejandro Gertz Manero tiene la enorme responsabilidad de darles trámite ante los jueces para hacer justicia pronta y expedita.

Así, acabó el dispendio en los gastos del gobierno federal con programas de austeridad republicana.

Y en las finanzas públicas, con equidad y transparencia, logró los equilibrios fiscales para el ejercicio del gasto público y una sana distribución fiscal.

El secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, resultó ser una revelación en los asuntos financieros, al no aumentar impuestos para este 2020 sin recurrir al tradicional endeudamiento de la nación vía empréstitos internacionales.

La política exterior ha funcionado con excelencia a pesar de los “flamazos diplomáticos” que han surgido en la región Sudamericana: Chile, Colombia, Brasil y, específicamente, Bolivia, donde la presidenta interina, Jeanine Áñez, recurrió a vergonzosos personajes ligados a los regímenes autoritarios de su país para pretender denostar las decisiones del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador y del canciller Marcelo Ebrard.

Ahora, con el conflicto bélico suscitado entre Estados Unidos de Norteamérica e Irán por el operativo militar donde ejecutaron al General Soleimani, segundo hombre en importancia de ese islámico país, está en riesgo la paz mundial.

Donald Trump expresó que esta ofensiva militar la ordenó para evitar la guerra y no para iniciarla, ¿será?

Ciertamente, nuestro país tendrá que recurrir, una vez más, a los principios fundamentales de política exterior contenidos en nuestro texto constitucional.

El canciller Ebrard reunió a todo el cuerpo diplomático del país, integrado por los embajadores y cónsules (REC), donde analizaron el panorama actual de México ante el concierto mundial, y les mencionó que, a pesar del convulso ambiente internacional, México puede enfrentar el 2020 con confianza porque “ha demostrado ser una democracia consolidada, consistente, creíble, confiable y eficaz” gracias al enorme apoyo popular al gobierno democrático del actual régimen.

El presidente Andrés Manuel López Obrador los instruyó respecto de las grandes prioridades de política exterior de nuestro país y les agradeció de manera individual y colectiva su labor diplomática por defender el prestigio de México en el mundo, al afirmar el derecho al asilo conforme a las convenciones internacionales y negociar exitosamente el T-MEC, así México recobra su prestigio continental.

Los ideales expresados por los grandes de la diplomacia mexicana: Genaro Estrada, Isidro Fabela, Alfonso García Robles, Emilio Rabasa, Bernardo Sepúlveda y Carmen Moreno Toscano, por mencionar sólo a algunos, hoy más que nunca tendrán que ser invocados para no caer en los juegos de guerra de la geopolítica internacional ¿o no, estimado lector?

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