Solo
Todo el mundo lo sabe. Bueno, más o menos. Fue Harrison Ford quien cambió su diálogo en una escena crucial en El Imperio contraataca y en vez de decir las líneas que estaban escritas en el guión, le contestó “I know” a la princesa Leia cuando ésta le declaró su ...
Todo el mundo lo sabe. Bueno, más o menos. Fue Harrison Ford quien cambió su diálogo en una escena crucial en El Imperio contraataca y en vez de decir las líneas que estaban escritas en el guión, le contestó “I know” a la princesa Leia cuando ésta le declaró su amor, “I Love you”.
Y aunque fue Ford quien contribuyó con esa línea que nos describe perfectamente la personalidad de Han Solo, lo que venía en el guión, escrito por Lawrence Kasdan, no está muy lejos de esa idea. No era un “me too” o “I love you, too”, que cualquiera hubiese dicho. O sea, me puedo imaginar a Luke Skywalker dicendo “me too”, incluso a Chewbacca “grrawww aww”. Yoda hubiera dicho “amarte también yo”. Pero no Han Solo. Lo que venía en el guión original era “Just remember that. ‘Cause I’ll be back”.
Sin duda, parte del éxito de la saga de Star Wars es que tenemos muy bien ubicados a los personajes y, sin que sean predecibles, sabemos cómo actuarán en cada una de las situaciones que se les presenten, como si fueran amigas y amigos conocidos de toda la vida, ¿no les pasa? Cuando un amigo llega a contarte su situación amorosa, y nomás te dan ganas de poner esa cara de emoji que tiene los ojitos para arriba, porque ya sabíamos que, tarde o temprano, eso iba a pasar. A Han Solo lo tenemos clarísimo. Pero me pregunto, ¿qué tanto hay de Harrison Ford en Han Solo?
Acabo de leer El diario de la princesa (Ediciones B, colección Nova, 2017), de Carrie Fisher. El libro es, básicamente, un recuento del affair que tuvo la autora, que interpretó a la Princesa Leia, a los 19 años de edad, con Harrison Ford, de 35, cuando filmaban Star Wars. Ford estaba casado, con dos hijos. Así que nadie debería saber del romance. Se veían los fines de semana fuera del lugar donde filmaban, allá en Inglaterra.
El libro fue escrito en 2013, aproximadamente, así que Carrie Fisher aprovechó el inminente estreno de El despertar de la Fuerza, el episodio VII, para hablar con libertad de lo que vivió hace ya muchísimos años. Abre, además, sus diarios de la época, y publica páginas enteras, con pensamientos, poemas, diálogos internos, diálogos inventados entre Harrison y ella.
Los amoríos en las filmaciones son un secreto a voces. Ya lo mostró François Truffaut en su película Day For Night (1973), en el que actores, director y crew se ven envueltos en enredos amorosos e incluso una de las actrices resulta embarazada. El clásico dicho se puede adaptar: lo que pasa en la filmación se queda en la filmación. Cuarenta años después, Carrie Fisher piensa que ya es tiempo de contar lo que pasó: “Si no soy yo, alguien lo hará y puede hacerme quedar mal”.
El libro puede tener varias lecturas: una de ellas no tan grata, que se queda en el adulterio y abuso. Carrie se enamoró perdidamente de Harrison y no fue correspondida. Alguien podría alegar que con su experiencia, Harrison Ford tomó ventaja de la situación. Carrie Fisher no lo acusa de nada, así que podemos quedar satisfechos con lo que siente. Al fin y al cabo fue ella quien lo vivió.
La otra lectura es más divertida: entrar en la vida privada, en el romance entre estas dos personas que creemos conocer por verlas actuar en la saga que tanto nos apasiona. Descubrir a través de los ojos de Carrie Fisher que Harrison Ford es igualito a Han Solo, ¿o es al revés? Con esa actitud distante, arrogante, como si fuera dueño del Universo.
Quizá ése sea el único “pero” que le pongo a Solo: A Star Wars Story. El filme sobrepasó mis expectativas. Pero, pequeño problema, no está Han Solo, digo, Harrison Ford. Quizá en unos años llegue a apreciarla más, pero ahorita extraño al actor que tuvo el descaro de proponer la respuesta más políticamente incorrecta posible: “I know”.
