Roncar
Yo no ronco. Dicen que sí, pero yo no me he escuchado a mí mismo, así que no les creo. Fake news, seguro. No hay que creer en nada de lo que se dice en internet o en las redes sociales, así que, ¿por qué entonces creerle a mi familia? Mi esposa y mis hijas dicen que ...
Yo no ronco. Dicen que sí, pero yo no me he escuchado a mí mismo, así que no les creo. Fake news, seguro. No hay que creer en nada de lo que se dice en internet o en las redes sociales, así que, ¿por qué entonces creerle a mi familia? Mi esposa y mis hijas dicen que ronco, pero también se están aficionando peligrosamente a Harry Potter: están leyendo todos los libros en español e inglés y miran las películas. Al rato mi casa estará llena de varitas mágicas, uniformes de Hogwarts y escudos de Gryffindor. Demasiada fantasía. Así que mis supuestos ronquidos deben ser una fantasía más. Fantasía y fake news, mala combinación.
En el tour bus en el que estamos de gira los Tacvbos por Estados Unidos (40 fechas en dos meses) sí que escucho ronquidos. Cada quien tiene su cama, su minibúnker, pero la cortinita que nos da un mínimo de privacidad no detiene los sonidos ni los olores. De estos últimos no hablaré, no quiero que dejen de leer mi columna, ésta o las que siguen. O, peor, que dejen de escuchar a Café Tacvba.
Pero de los ronquidos sí. Todos roncan. Tooodooos. Músicos invitados, staff, managers, todos. Yo no. Soy el único que no, aunque todos digan que sí. Debe ser un complot en mi contra, de la mafia del ronquido, envidia de que yo no ronco y ellos sí.
Lo que más me extraña es que, de unos días para acá, han empezado a aparecer anuncios a un lado de mi correo electrónico y de mi página de Facebook en la que anuncian “la solución a tus ronquidos”. En el anuncio siempre ponen a un hombre dormido y a una mujer (su pareja) que lo mira con cara de fastidio. No entiendo por qué no hay una versión del hombre con cara de fastidio y la mujer roncando, si estamos en época de igualdad, qué, ¿las mujeres no roncan? Yo sé que sí, pero, volviendo a los anuncios, yo, por supuesto, no los abro, ¿para qué? Yo no ronco.
Pero insisten. Aparecen anuncios en Google cuando busco una noticia, cuando busco en YouTube un video. Me dicen que es el algoritmo. No sé bien a qué se refieren, ¿algoritmo?
Que el algoritmo te conoce más que tú mismo, que el algoritmo bla, bla, bla, ¡ah, qué algoritmo tan chismoso! O sea, que entra y sale de la compu, espía tu vida y sabe cosas que tú ni sospechabas. N’hombre, la tecnología ha avanzado mucho, eso que ni qué. Aunque, la verdad, yo nunca lo he visto, ¿ustedes saben cómo es? ¿Será guapo o feo como el chupacabras? ¿O como un hobbit? Debe ser como el agente Smith, de Matrix, pero en chiquito.
Aunque, claro, seguro cada quien tiene un algoritmo propio y único. El mío no lo he visto, debe salir en las noches, se escapa de mi laptop o de mi cel, aunque lo ponga en modo avión, por aquello de las ondas de wifi que hacen daño, dicen.
Mi algoritmo debe tener el cuerpo muy plano, delgadísimo, para escurrirse por lugares en los que otros no pasarían. Más delgado que una hoja de papel, pero sus ojos y oídos deben ser enormes, aunque planos, para captar toda mi vida íntima.
No sé. Puede que mi algoritmo tenga razón, ¿no dicen que me conoce aún más que yo mismo? No creo en fake news ni en fantasías ni habladurías de mis amigos, compañeros y familia, pero el algoritmo, ese duende tecnológico, ¿cómo no le voy a creer? Está hecho de ciencia pura. Si el algoritmo dice que ronco, entonces lo acepto. Amigos, tengo algo que decirles: ronco.
Lo que me pone triste es que el mugre algoritmo me vende, traidor. ¿Cuánto ganas por vender mi intimidad? Espero que al menos el anuncio de la solución a los ronquidos no sea un fraude. Si me vendes, traidor, véndeme bien.
