Regalo navideño #3
Durante la década de los noventa hubo un boom del cómic autobiográfico en Estados Unidos. Algunos creadores hacían referencia a su vida diaria, mientras otros se dedicaban a rememorar su infancia y adolescencia. El cómic underground se vio lleno de novelas gráficas ...
Durante la década de los noventa hubo un boom del cómic autobiográfico en Estados Unidos. Algunos creadores hacían referencia a su vida diaria, mientras otros se dedicaban a rememorar su infancia y adolescencia. El cómic underground se vio lleno de novelas gráficas donde todos contaban su vida y, hay que decirlo, algunas eran más interesantes que otras. Con unas te identificabas, con otras no tanto, pero al menos se sentía un avance al sólo leer cómics de superhéroes, en las que daba la impresión de que, después de Watchmen y Dark Knight Returns, todo estaba dicho.
Desde entonces a la fecha existen en todo el mundo cómics que exploran el género de la no ficción. Algunos son autobiográficos, otros abordan más el lado del reportaje o combinan esas dos vertientes. En nuestro país, el dibujante y escritor Bernardo Fernández, Bef, lo hizo en su novela gráfica Uncle Bill (Ed. Sexto Piso, 2014). En ella nos cuenta sobre William Burroghs en México, al mismo tiempo que conocemos un poco de la vida del propio Bef.
Supongo que al escribir sobre sí mismo y dibujarse en Uncle Bill, Bef debe haberse dado cuenta de que tenía algo muy importante que relatar. Algo que, como él mismo lo define, fue un parteaguas en su vida: el momento en que a su hija María le diagnosticaron autismo. Habla María (Ed. Océano, 2018) es un libro hermoso e impactante. Me hizo llorar varias veces. En esta novela gráfica no hay trampa cursi ni recurso barato, sólo honestidad brutal. Bernardo Fernández desnuda su alma ante nosotros y en ese striptease, además de saber algo de su vida íntima, conocemos algo sobre ese tema en el que hay tantas preguntas: el autismo.
Bef es un tipo raro. No sólo porque es un punk straight edge (no toma alcohol ni drogas, no fuma ni bebe café), sino porque, siendo hombre en una sociedad heteropatriarcal, se atreve a mostrar sus sentimientos. “Es un privilegio que me permite la creación”, nos dice Bef, “poder hablar sobre esto, utilizar el cómic no sólo como un medio de expresión, sino también de sanación. Estas 150 páginas son mi diván”.
Además, el libro combate la soledad que sienten todos aquellos padres que están en la misma situación: tener un hijo con capacidades diferentes, ya sea trisonomía 21, trastorno del espectro autista, parálisis cerebral, debilidad visual, etcétera. “Cuando diagnostican a tu hijo con cualquiera de estas condiciones te sientes solo y sin esperanza, sobre todo, piensas: ‘¿cual será el futuro de mi hij@?’” Este libro es “una carta de amor a todos los papás en ese momento tan duro. La carta dice: hay esperanza y mucho camino por delante”.
Bernardo Fernández es autor de novelas policiacas que han sido traducidas a varios idiomas, incluso en chino mandarín. Ha hecho giras por varios lugares del mundo llevando estas historias violentas y crudas. Ahora nos muestra una historia que, sobre todo, habla de esperanza. Incluso, Bef tenía la idea de titularlo Esperanza infinita.
“La esperanza es frágil —escribe Michel Faber—, tan frágil como una flor. Esta fragilidad hace que sea fácil desdeñarla, desde la gente que ve la vida como un suplicio oscuro y difícil, gente a la que le enfada que algo en lo que no cree dé consuelo a otros. Prefieren pisotear la flor como para decir: mira lo débil que es esta cosa, mira lo fácil que es destruirla, pero, en realidad, la esperanza es una de las cosas más sólidas que hay en el universo. Los imperios caen, las civilizaciones se convierten en polvo, pero la esperanza siempre vuelve, abriéndose paso entre las cenizas, creciendo de semillas invisibles e invencibles”.
Un momento clave de la novela gráfica es cuando Bef le pregunta a un doctor: “¿Hay algo que podamos hacer?” El doctor le contesta, “Bernardo: ¡hay todo por hacer!”
