Palpito

En las pasadas vacaciones de Semana Santa estuve leyendo un libro muy divertido que traía Lumi, mi pareja, Cada vez que te veo, palpito. Guía básica y unisex para alburear, de Lourdes Ruiz y Miriam Mejía Grijalbo, 2018. Me dio gusto encontrar un libro unisex de ...

En las pasadas vacaciones de Semana Santa estuve leyendo un libro muy divertido que traía Lumi, mi pareja, Cada vez que te veo, palpito. Guía básica (y unisex) para alburear, de Lourdes Ruiz y Miriam Mejía (Grijalbo, 2018). Me dio gusto encontrar un libro unisex de albures, porque unas semanas antes había asistido a unos cursos sobre sexualidad promovidos por la escuela de mis hijas, donde hablaron muy mal del albur: que eran machistas, homofóbicos y lo peor de lo peor de nuestra sociedad y cultura.

No es que yo sea muy alburero. No es lo primero que dice de mí la gente que me conoce: “Joselo es un alburerazo”. No. Primero dicen que soy un obsesivo o un nerd. Algunos me dicen rockstar, nomás pa’ molestarme. Pero la verdad es que me encantan los albures, me divierten un montón. Claro, en el curso de sexualidad fui como Pedro, negué tres veces los albures antes de terminar la clase: “¿Alburear yo? ¡N’hombre, para nada!”. Mentí, nomás para quedar bien con las mamás y papás superpolíticamente correctos de la escuela de mis hijas.

Pero miren: el libro Cada vez que te veo, palpito no lo compré yo, es de Lumi, que me alburea a cada rato. Además, el libro está escrito por dos mujeres, una de ellas, Lourdes Ruiz, que es también conocida (AKA) como La Reina del Albur. Mujeres que defienden y utilizan el arte del albur. Por supuesto, según yo, no soy machista ni homofóbico, pero como andan las cosas, ya ni sé. Tal vez para mucha gente sí lo sea. The Times They Are A-Changin’.

En la década de los 60, Armando Jiménez publicó un libro que se convirtió en un éxito instantáneo, Picardía mexicana, en donde recopiló albures, chistes, dibujos y pintas encontrados en baños públicos, leyendas escritas en defensas de camión, señas con las manos y toda clase de humor popular, tradición oral que hasta ese momento se veía impresa en papel. Este libro de estudio antropológico fue el más leído de esa época (y de las que siguieron). Ha vendido más de cuatro millones de ejemplares y van 143 ediciones. Armando Jiménez decía que era el libro más leído en lengua hispana, después del Quijote, pero que los lectores no se atrevían a reconocer públicamente haberlo leído. Recuerdo a mi padre con el libro en las manos, cagado de la risa, mostrándole una página a mi mamá, que se sonrojaba y decía “ay, Pepe, qué pelado”, pero se reía también. El libro no era nuestro, era prestado, todo manoseado (seguramente de algún ingeniero), que pasaba de casa en casa de los petroleros allá en Mina. Ahí venía este chiste:

“Primer acto: un yucateco quema, con una antorcha, la cara de María Félix; segundo acto: un yucateco quema, con una antorcha, la cara de María Conesa; tercer acto: un yucateco quema, con una antorcha, la cara de María Victoria. ¿Cómo se llamó la obra? El cabezón quema Marías.”

Qué, ¿no le entendiste? Pues debes comprar Cada vez que te veo, palpito; es una guía para aquellos que, como se dice, les falta barrio.

Yo que estuve en escuela primaria de gobierno, la Libertad, y luego en la secundaria oficial número 94, Isidro Fabela, me gradué en albur, doble sentido y en groserías de todo tipo. Ya ni me acuerdo de las lecciones, pero sí de los albures.

Este libro te lleva de la mano, poquito a poco, explicándote lo que nadie te ha explicado, o por qué les da flojera o les da pudor. Explicar un albur no es fácil, y quizá no hay forma de enseñarle a alguien la maldá o la picardía para encontrarle doble sentido a todo. Hay quienes seguirán así, con cara de what, cuando todos los demás se ríen de un albur, por más que se lo expliquen.

Por cierto, qué maravilla esos memes que se pusieron de moda que usaban la foto de Mel Gibson casi siempre. Buenísimos. Albur millennial.

Hasta inventé uno. Circuló por todos lados. Por supuesto que lo negué y lo negaré, como Pedro.

¿Alburear yo? ¡N’hombre, para nada!

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